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El amor enferma alguna vez

La obra Amor de mis amores, de Cristóbal Jodorowsky, se estrenó el domingo pasado en el Treatro Sha. La puesta en escena es el resultado de una búsqueda experimental que enlaza el psicochamanismo, la psicomagia y la expresión teatral.

Por Nadia Sol Caramella

ph: Cintia Poli
Desbordarse. La puesta comienza con un acto de psicomagia real, un hombre se enfrenta a su genealogía familiar, rompe las cadenas simbólicas que lo unen a su pasado, intentando así, con la puesta en acto, demoler sus traumas, la herencia anclada en la oscuridad de su propio inconsciente. La genética como memoria. La obra teatral como rito.

Exorcizar. Amor de mis amores experimenta sobre las bases dramáticas aprendidas en las escuelas de Stanislavski y Grotowski. Si en estas escuelas existe un alto grado de compromiso del actor con su cuerpo, sus emociones y su público, esta obra pretende encontrar en la unión de las emociones surgidas de las vivencias reales de cada actor, materia de expresión, que sea capaz de atravesar el escenario y convoque al público, desde lo emotivo. Lo racional queda de lado. La puesta pareciera operar en el inconsciente,  apela a lo instintivo.

El lenguaje de los sueños. Lo onírico, la palabra ausente, porque el teatro comienza donde la palabra es insuficiente: yuxtaposición de imágenes, pequeños núcleos dramáticos que van de un extremo a otro, de un registro a otro, de la comicidad al drama. De una falsa paz sublime al caos enérgico de las relaciones humanas. Con este lenguaje surrealista y esotérico la puesta avanza a un ritmo voraz, se produce una alianza profunda entre los dieciocho actores en escena y los espectadores. Los actores encarnan los arquetipos del amor pero también son los chamanes encargados de romper los moldes tranquilizadores del mundo en que vivimos.    

En acto. La estética es la del melodrama pero atomizada por las técnicas del teatro de variedades. La hipérbole como figura que opera en la discursividad de la obra. Lo lúdico y lo circense como motor de reflexividad. El drama como lenguaje orgánico que le habla a los cuerpos. Lo corporal como emisor y receptor de esas vivencias. La mente olvida pero el cuerpo resiste. Lo simbólico de cada acto opera infatigablemente sobre el inconsciente  Porque son las imágenes las que revelan nuestra estructura emocional, así funciona el inconsciente y el lenguaje. Por eso, la psicomagia, técnica desarrollada por Alejandro Jodorowsky, -padre de Cristóbal-, apela a la escenificación de lo simbólico para erradicar los traumas de ser humano, buscando su transformación positiva.

Transformar. Buscar en el acto colectivo frente al espectador una práctica profunda de sanación, al menos eso es lo que afirma el director cuando se refiere a la finalidad de su creación. La banda sonora de Amor de mis amores es la encargada de enfatizar los matices de esa sanación. Todo muta bajo la reglas de lo efímero, incluso los objetos de deseo, así como también los roles en la pareja, que es concebida en un sentido amplio y diverso.

Un oso rojo para tu soledad. La búsqueda de un amor ideal. Un coro de personajes van de un lado a otro aferrados a sus ositos rojos, objetos fetichistas que simbolizan la falta de un amor edulcorado. Interpelados por un imaginario romanticista, corriente estética y política de finales del siglo XVIII que todavía nos atraviesa, estos personajes van dejando su vida en pos de un ideal. Pero, la puesta pretende romper con esos esquemas del amor idílico. En el transcurrir, hay una toma de conciencia de la irrealidad de esa búsqueda. Se produce una mutación donde el amor se presenta como acto individual y colectivo, simple, concreto, cotidiano y sin ornamentaciones melodramáticas. Los osos rojos son dejados a un costado. Algo nuevo emerge: el “yo” como saldo de esos encuentros y desencuentros. El amor propio, que no es otra cosa que amor a la humanidad, como promesa y enseñanza última.


Si “el amor enferma alguna vez” habrá que curarlo de simulacros. Solo la emoción genuina busca en el amor su fundamento, y este se traduce en silencios, el silencio cósmico: un corazón lo mismo que una piedra pide amor. La imaginación se expande cuando encuentra en el silencio una respuesta. Amor de mis amores invita al silencio y, encuentra en él, la transformación.

[Funciones]

Amor de mis amores  se presenta por cuatro únicas funciones: domingos 8, 15, 22 y 29 de Septiembre a las 20.30 hs, en el Teatro Sha -Sarmiento 2255 C.A.B.A-. Entradas $100

Línea roja sobre gris

Hace unos días atrás la galería Honeycomb abrió sus puertas para la inauguración de “Fuerza”, la nueva muestra del artista Christian Riffel, un espacio para la indagación, donde paisajes elementales encuentran en la forma, su costado más vertiginoso. 

Por Nadia Sol Caramella


La línea recta persigue a la curva y se erotiza en el roce de combinaciones exóticas, entre colores caprichosos y sensaciones angulosas. Un juego de geometrías que penetra profundo. La intimidad se ve interpelada. Algo adentro busca lo figurativo, pero no. Eso “otro” aparece funcionando de manera autónoma sobre fondo blanco, sobre fondo azul, cómo flotando en un espacio mudo, sideral.  

Lo lineal adopta formas concéntricas y casi sin querer el color termina por ejercer la presión necesaria sobre la mirada que va forjando y desnudando. En la extensión del plano, el ojo hace de su recorrido una lectura mecánica, pero encuentra lo inesperado. Algo que en un punto lo perturba: fragmentos, disposiciones de líneas y figuras geométricas en fuga. Hay movimiento. No hay realismo donde anclarse. Habrá que apelar al instinto, confiar en lo espiritual.  

El motivo de las obras es enigmático: estructuras laberínticas que podrían ser paisajes resueltos en las instancias de la forma. Entre el murmullo de esas voces de colores y fondos monocromáticos, se evidencian los hilos de una búsqueda suprema. Christian Riffel aclara al respecto: “Creo que el artista no es su obra sino su persona, su ser. Hoy en día, me gustan los artistas que indagan en la filosofía el desarrollo del ser, como el uso de la teosofía. Algunos como Barnett Newman, Kasmir Malevich, Basaldella Afro y Hans Hartung, entre otros.” Una afirmación que sirve para interpretar bajo qué influjos fue concebida la serie.

Este artista reaviva a través de sus obras, una vez más, la vieja promesa de la abstracción, que se alimenta de la deconstrucción y se reinventa en lo primigenio: la línea, la forma, el color. Hay despojo. Por eso es que resulta toda una hazaña para un artista joven inscribirse en una tradición tan vasta y compleja. En tiempos en que el arte hipster conquista y malgasta lo figurativo, la sobreabundancia de tonos “instagram”, el ocaso de lo esencial: la forma mínima.  La adscripción a ciertas formas de las corrientes del arte abstracto, revaloriza el despojo, la única justicia posible ante tanto exceso. 

Un círculo negro sobre blanco o un triangulo rojo sobre fondo azul pueden representar dramáticamente las tensiones de toda una generación. Ahí radica la potencia metafísica de esta muestra.

[Más sobre el artista]

[Sobre la muestra]
La muestra podrá visitarse en Honeycomb hasta el 14 de septiembre, concertando cita escribiendo a: info@inthehoneycomb.com

Lo esencial


 Hace unos días, Delia Iglesias y Chun Li inauguraron la muestra “Mundos que no vemos”, una isla de seres exóticos que se suma al tono silvestre del Patio del Liceo.

Por Nadia Sol Caramella

ph: Nat Motorizada
Como un voyeur en vacaciones. Una ciudad ecléctica y el sol porteño en lo alto invadiendo de naranja y amarillo el cielo. Las ilustraciones de Delia Iglesias y Chun Li escapan al escepticismo del verano. Esas criaturas de papel sobre las paredes de la galería Áurea impactan para bien.

El nombre de la exposición es sugerente, apto para curiosos, una invitación a rescatar esos mundos que se pierden en la ceguera de lo cotidiano. La mirada y la imaginación son tierra fértil para nuevos encuentros, por eso estas obras, que si bien son disímiles logran hacerse compañía. Juegan al mismo juego y se ve reflejado en la armonía con la que conviven de un lado a otro de las dos paredes que ocupa la muestra.

 “Ver la naturaleza tal como es en mi mundo ideal", reza la inscripción en la vidriera de la galería. Y por qué no, estamos a tiempo de salir de la jaula de la razón y de todas las doctrinas que nos hacen menos libres. Esta serie engendra la semilla de la imaginación como vía de conocimiento, uno distinto, menos rígido. Se trata de plasmar montañas, cielos, plantas y seres orgánicos que no existen pero que aun así habitan el imaginario de las almas creadoras, que en un gesto generoso se animan a darles vida. Al exponerlos a la mirada ajena, la chispa se enciende. Y esas criaturas que nacieron en la intimidad, encuentran por fin nuevos espacios en que nacer.

La obra de Chun Li se caracteriza por el uso de colores atrevidos y alegres, sus personajes parecen anclados en tiempos de carnaval, dialogan con una infancia pérdida, de la que apenas quedan algunos trazos: vestigios de los cuadernos de la niñez. Delia Iglesias, por su parte, va habitando el espacio de manera reflexiva, es notoria la comodidad con la que dibuja negro sobre blanco, una propuesta sumamente madura y con proyección: “La esencia de lo que quiero transmitir cuando creo personajes, es primordialmente el amor y la valentía hacia lo que no se conoce. No porque me crea muy valiente, de hecho no lo creo, pero siempre me sentí cómoda rodeada de lo desconocido” asegura Delia.  Otra de las aristas sobresalientes de su obra es la recurrencia a los venados como motivo poético, una obsesión para nada superficial: “La saga de los Confinesde Liliana Bodoc me hizo entender la figura del venado como algo social. En  este libro mágico el Venado es el pueblo unido y a la vez un guerrero que acepta su destino, sea cual fuere, con valentía. Entonces sentí que mi misión (si es que cada uno tiene una) es la de generar conciencia de unión, mediante lo que hago. La figura de un animal al que le crecen ramas en la cabeza, no es más que un hermoso símbolo de unión, de humildad y valentía, como lo es un pueblo unido.”

Un buen creador busca la armonía. La muestra refleja las ansias con las que estas artistas buscan nuevas expresiones y formas de comunicar, con gran lucidez Delia continua: “Los mundos que uno no ve, pero que están dentro, latiendo, esperando ser encontrados son los que nos van a unir en un futuro. El hombre, desde el principio de los tiempos, era puro hasta que las diferentes "jaulas" (religión, escuelas, trabajos, ropa, banderas, etc) lo etiqueta y convierte en producto y productor y los sueños o las fantasías, quedan relegadas a "pasatiempos" o terapias... me niego profundamente a ver al arte como tal. El arte es lo que nos mueve todo el tiempo, es la esperanza de todo cerebro quemado. Mi deseo con esta muestra es que aún nos reunamos, que juntemos lo que nos queda de los sueños y les volvamos a dar cuerda”.

A veces la ciudad es un cuerpo dislocado y fragmentario que confunde los sentidos. Por suerte, la conquista generosa del blanco de una hoja y el arte como enlazador de mundos, da pequeñas treguas a las jaulas que nos mutilan con sus etiquetas. La voluntad de manifestarse más allá de lo invisible, siempre intuyendo como un voyeur en la oscuridad, se presenta como única salida para los que todavía creen que lo esencial escapa a los ojos de la doxa, la religión, el facebook, la tv, las modas. “Mundos que no vemos” es una opción arriesgada para los adictos a la razón, pero es tierra fértil para los que todavía creen en el poder de la imaginación. 

[Sobre la muestra] 
Áurea - Galería Patio del Liceo - 
Sta Fé 2729, 1er piso, Loc 52, Cap Fed.
Lunes a sábados de 17 a 21 hs.
Entrada libre y gratuita

Crónica de una resistencia de verano


“Organizar la rabia, defender la alegría” es la consigna que reúne a artistas, profesores y amigos de la Sala Alberdipara hacerle frente al desalojo encubierto y a la privatización integral del Centro Cultural General San Martín. Tras 19 días de encierro en el 6° piso del Centro Cultural y acampe en la Plaza Seca, la Sala Alberdiresiste.

Por Nadia Sol Caramella


ph: verte verme

La sala: el teatro de la autogestión

Sarmiento 1551, 6º piso, Ciudad Autónoma de Buenos Aires. Puertas cerradas. Atrás de las puertas el telón abierto de par en par: unescenario obsceno, aniquilado ante el espectador que no es otra cosa que un eco anclado en el silencio de la sala apenas iluminada. Las butacas vacías. Algunas sombras se pierden en la oscuridad del fondo. Olor a madera noble, sabía. Buena madera. La pareja de pianos es una foto melancólica apostada en el escenario. Demasiada ausencia para un teatro. Las voces se hacen escuchar desde afuera: “….la Sala Alberdi resiste, resiste”, y esas palabras son el látigo que los despabila, un poco. Murmullos: unos cuantos tejen el plan de esa resistencia. Otros, ajenos, desfilan por los pasillos: ruido de cascos y bastones. Cuerpos alquilados por el Estado para vigilar y castigar. 

La Sala Alberdi resiste el desalojo, tras dos años y medio de toma y autogestión cultural: “El tipo de organización horizontal que nosotros tenemos hace que este espacio sea verdaderamente público”. Del otro lado: el Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires con sus políticas mercantilistas y neoliberales que atentan contra la cultura popular.

Allá por el 2010, talleristas, alumnos y amigos de la Sala decidieron tomar el espacio para salvarlo del vaciamiento y la privatización integral del Centro Cultural San Martín que desde hace tiempo viene realizando el macrismo: “Hace un par de años, el Banco Interamericano de Desarrollo bajó 97 millones de dólares para las remodelaciones del Centro Cultural. Obviamente se los comieron, las remodelaciones no se terminaron. Hay mucha plata de fondo, mucho negociado: la privatización encubierta del Centro Cultural. Ellos alquilan las salas a empresas privadas, dan concesiones. Aumentan los aranceles de cursos, talleres y las entradas de los espectáculos.  Vacían tanto el contenido como la cantidad: del 2011 a la fecha bajaron un 80% los talleres del centro, de 400 espectáculos al año pasaron a 100. El edificio se cae a pedazos, no tiene gas, no tiene agua potable, las instalaciones eléctricas están en mal estado”.

Frente a esto, artistas y trabajadores de la Sala Alberdi, organizados en asambleas y comisiones de trabajo, lograron mantener una abultada programación de ciclos, espectáculos semanales y talleres a la gorra. Con el correr de los días este espacio de autogestión se convirtió en “el teatro de los que no tienen teatro” y en un ejemplo de trabajo colectivo y organización sin jerarquías ni patrones. 

Los de arriba: presos culturales

Lo de ellos fue de improvisto. Están encerrados hace 19 días.
Foto: un pibe saca una bandera blanca por la ventana del 6° piso, sobre la tela dos palabras: SIN AGUA. Negro sobre fondo blanco, las letras son incisivas, aniquilan cualquier duda.
Así resisten la toma, encerrados, sin agua, sin comida, sin baños. Sus compañeros tienen que proveerles mediante vías alternativas agua, comida y medicamentos. Pero no faltó la vez en que una mano cobarde cortó la soga que les haría llegar una canasta con provisiones.

Estos pibes son presos de una cultura en venta. Resisten el desalojo con el cuerpo, exponiéndose a lo inhumano, a la represión del gobierno de turno. Ahí pegaditos, oliéndoles los pasos, el “ejercito” de la metropolitana y unos cuantos patovicas sin identificación hacen el trabajo sucio: vigilar y hostigar. Los de abajo todos los días intentan negociar para llevarles a sus compañeros lo necesario por vías “oficiales”, pero no hay acuerdo. La metropolitana se propone como filtro, quieren ser ellos y no otros, los que alcancen la comida. ¿Acaso alguien tomaría o comería de esa mano que los encierra y los trata como delincuentes? 

Rewind: 2 de enero. La dirección del Centro Cultural General San Martín (CCGSM) niega el ingreso a la Sala Alberdi, argumentando que el Centro estará cerrado por vacaciones. Pero la Sala Alberdi no depende de la dirección del CCGSM, sino de la Dirección Generalde Enseñanza Artística (DGEArt), por lo que tienen derecho a acceder libremente al edificio, al igual que aquellos que concurren a espacios de otras dependencias (la radio y la televisión, por ejemplo) que siguen funcionando con normalidad.

Docentes y artistas deciden quedarse a resistir en el 6º piso para frenar el intento de desalojo encubierto. Unos cuantos patovicas y la metropolitana impiden el ingreso y apuestan al desgaste de los que permanecen arriba.   

4 de enero. Tras una decisión en asamblea, artistas, profesores y alumnos de la Salarealizan un festival. Mientras se desarrolla la jornada cultural padecen reiterados actos de violencia por parte de los patovicas de Hernán Lombardi. Por esta razón deciden destrabar la reja y montar un acampe sobre la Plaza Seca para exigir la desmilitarización del Centro y el libre acceso a la Sala.

Los de abajo: el Acampe Cultural

El edificio se alza imponente bajo el cielo de enero. El sol evidencia los años de abandono y desinversión: un gigante herido. A un costado, sobre la Plaza Seca, 60 carpas velan por el bienestar de los de arriba. Los pibes saben muy bien que su estadía en ese acampe incómodo no es sólo una forma de resistencia, sino también una garantía de la integridad física de sus compañeros.

Porque el arte resiste desde el arte, todos los días se realizan talleres de  tango, teatro, defensa personal, stencil, guitarra, malabares, charlas-debate, proyecciones y festivales permanentes con escenarios improvisados, algunos en el acampe, otros sobre las calles Corrientes y Callao. La cartelera de la Sala Alberdi no tiene nada que envidiarle a la revista porteña. Ya han pasado muchos artistas independientes (poetas, actores, cantautores)  y también artistas reconocidos de la talla de Bruno Arias, Javier Calamaro y Vox Dei. Cada día de acampe se vive en un ambiente de alegría, pero también de compromiso y de lucha. Se renuevan las propuestas y los debates. Las asambleas diarias y abiertas permiten que se decidan los pasos a seguir, de manera horizontal y colectiva, como debe ser al momento de crear una nueva lógica para un arte anti-mercantilista.

“Organizar la rabia, defender la alegría” reza un mural colorido en la entrada del Acampe Cultural. Ellos se organizan y de manera pacífica siguen adelante. Pero no faltan las persecuciones, la vigilancia constante de la fuerza pública,  ni las agresiones en manos de grupos parapoliciales.

Durante la jornada cultural del domingo 13 de enero, una de las asambleístas del acampe fue perseguida durante dos horas por la metropolitana, y a las 22 hs. del mismo día, integrantes de la Agrupación Horizontede Libertad, que vienen solidarizándose activamente con el acampe, fueron agredidos en la esquina de Montevideo y Perón por diez matones armados con palos. El 17 de enero, a las 14 hs., uno de los artistas de la Sala fue interceptado por un auto con vidrios polarizados; los ocupantes del auto, vestidos de civil, se identificaron como policías. Lo metieron adentro para una supuesta averiguación de antecedentes. Luego lo llevaron a la sede central de la Policía Federal, a tres cuadras del CCGSM, donde lo privaron de su libertad durante tres horas.

Juegan al juego del miedo sólo como ellos saben.

Los responsables: el buen neoliberal

Mauricio Macri: (nacido en 1959) político, empresario, dirigente deportivo e ingeniero civil, líder del PRO (Propuesta Republicana). Actual Jefe de Gobierno de la Ciudad.
Alguna vez anunció que el CCGSM seria el nuevo ícono de la Ciudad. Ahora no sabe, no contesta, no aparece.

Hernán Lombardi: (nacido en 1960) ingeniero civil, empresario y político. Con un grado en Ingeniería y posgrados en manejo de marketing y en economía. Actual ministro de Cultura de GCBA.
Habló. Pero fue necesario ir a buscarlo a su trabajo. El 10 de enero a las 18.30, tras una convocante marcha al ministerio de Cultura, Lombardi recibe a los pibes de la Sala. ¿Y qué pasó? Este funcionario público dio muestras claras de que al gobierno de la ciudad no le interesa el dialogo Ni reconoce el trabajo autogestivo de la Sala Alberdi, rechazando y deslegitimando a la cultura popular, con dichos como: “si le pasa algo a los que están en la sala es culpa de ustedes. Yo a lo sumo tengo responsabilidad política y no me importa”; “Si sus compañeros quieren baños, que salgan de la Sala”.

Gabriela Ricardes:Amplia formación teatral (Escuela Municipal de Arte Dramático, Escuela de Formación Escénica de Buenos Aires) y coreográfica (Nikolais and Louis Dance School, Alvin Aley School, Leslie Dance Studio). Actual directora del CCGSM.
Igual que Macri, no sabe, no contesta, no aparece. Según cuenta Nico, uno de los asambleístas de la Sala Alberdi: “Desde que Gabriela Ricades asumió, se nos vino con los tapones de punta. Empezó con amenazas de desalojo, a sugerirnos que tengamos cuidado porque estábamos en un lugar con muchas maderas y que era peligroso. Cerró las rejas de la entrada a las ocho de la noche para obstaculizar nuestras actividades. Puso cámaras de seguridad, un mecanismo de control que viola la privacidad en tu espacio de trabajo”.

Fabián Carrizo: jefe de seguridad de los patovas, emisario de Lombardi y compañía.  No habla, pero tiene buen manejo de expresión corporal. Mete miedo. Hace bien su trabajo. Empleado del mes.

Los otros:policía metropolitana, policía federal, infantería y el resto de los patovicas (no identificados). 

La resistencia: Abrazando la oscuridad

Foto: Las clavas de malabares apuntan al cielo, parecen balas de colores. “El arte es un arma cargada de futuro”. Empieza a caer la noche sobre calle Corrientes, el obelisco asoma de fondo como una mentira obvia. El asfalto está caliente. “Tu no tienes la culpa mi amor de que el mundo sea tan feo”. El escenario ya está armado en la entrada al Teatro San Martín. Bruno Arias se cuelga la guitarra y le regala unos carnavalitos a la resistencia. La calle colmada, son todos y cualquiera a la vez, muchos se enteran ahí mismo de lo que está pasando. Conmovidos, se quedan, bailan y firman el petitorio para que se reconozca la autonomía de la Sala. El carnavalito termina por explotar la emoción de muchos, todos de pie, un trencito de personas baila y cruza la calle. La noche se aferra a ese ritmo con alegría.

Foto: Marcha al Ministerio de Cultura. Calle Corrientes a la altura del Teatro San Martín. Un sol recalcitrante quema los cuerpos. Esos pibes son pura presencia, tienen amor en las venas, en cada músculo, pero no es un amor abultado, pomposo y anticuado, es un amor simple, es ese amor que habla de la libertad. Por eso combaten desde donde saben.  El arte se muestra como la única alternativa posible. Una performance sobre el asfalto. Pibas y pibes vestidos de negro, uno de ellos se distingue por una gorra de policía y un tipo de traje con una máscara de mono comienza su acto demagógico. Los de negro arremeten contra los manifestantes -logran reproducir esa relación hostil que mantienen con el gobierno de la ciudad-. Ruido de tiros, los manifestantes caen al piso, parecen estar muertos, atrás una carpa azul vigila la escena. Cuando por fin los villanos se sienten realizados por este acto cruel, deciden desentenderse de esos cuerpos. Pero como en una película de muertos vivos, los pibes se ponen de pie, van por venganza y con la mirada puesta en el futuro, cantan y bailan el haka de la Sala“….la Sala Alberdi resiste, resiste”.

Foto: De regreso al acampe, luego de marchar al Ministerio de Cultura, una columna de  pibes y pibas con narices de payaso saludan desde la vereda al gigante herido. Entre las sombras de la noche, el gigante escupe brazos y manos: los de arriba saludan a sus compañeros. Desde la vereda uno voz grita “¡los amamos!”. Los de abajo apuntan al cielo y en la mímica de un abrazo quiebran la distancia. ¿Qué sabrán Macri, Lombardi y Ricardes de esos abrazos en la oscuridad?  

Anhelo de satisfacción


Viejo, solo y puto, una propuesta teatral que articula lo marginal desde el cuerpo. La expresividad alcanza su mayor potencialidad en las miradas, en los gestos, para darle espacio a una maquinaria de intensidades, donde lo femenino y lo masculino serán etiquetas vacías,  resignificadas por nuevas identidades.


Por Nadia Sol Caramella

El fondo de la escena está poblado de murmullos, adelante: estanterías con medicamentos invaden el espacio, apenas se delinean unos pasillitos entre las cajas y los estantes. Intuimos que algunas cosas se nos escaparan a la vista. Un hombre toma un trago de cerveza mientras espera. Detrás el murmullo crece. Por fin nos ubicamos, es una farmacia. El paisaje es decadente, anclado en un tiempo anterior. El esplendor del pasado asoma como una ironía en el presente.

El bullicio crece, como crece la ansiedad por saber que vendrá. Estamos ante una obra inquieta, poco a poco los personajes van apareciendo en escena y vamos comprendido qué vínculos los unen. Se trata de dos travestís, Sandra y Juliana, un agente de propaganda médica y dos farmacéuticos que heredaron la farmacia de su padre. El hermano menor acaba de recibirse de bioquímico; su hermano y su amigo, junto con las chicas lo esperan para brindar antes de salir al Mágico, un boliche de la zona.

La narrativa de la obra se va creando por yuxtaposición de comentarios.  Los retazos van construyendo el todo. Cada cruce de miradas  propone un encuentro y una nueva situación. El cuerpo sirve de lazo entre los personajes. Las relaciones son asimétricas, de poder, de saber. Dos mundos vinculándose en una sola noche. Por un lado, el saber de la calle, el de las travestís, por otro, el saber de la experiencia del hermano mayor y el agente de propaganda médica y, por ultimo, el conocimiento más metódico y rígido: lo académico representado por el bioquímico. Esta mezcla es posible gracias a los vínculos que se generan en torno a la inyección de hormonas femeninas, que las travestís suelen aplicarse para encontrarse con un nuevo cuerpo que las identifique, al parecer es un funcionamiento cotidiano en el mundo travestí.

El director, Sergio Boris, ha creado una propuesta novedosa porque logra generar una historia sin historia, una especie de suceso, que va adoptando su propia narrativa en la mente del espectador. La obra es una yuxtaposición de materiales heterogéneos, miradas, cuerpos fragmentarios, objetos que van ocultando situaciones al público, que luego deberán reponer o intuir. El cuerpo es el espacio donde van a parar todos las premisas de esta pieza,  la significaciones y el argumento se expondrá desde lo físico, cada cuerpo, cada rose, cada beso, cada postura, nos contará más que las palabras, que quedaran relegadas a un segundo plano. Estos cruces determinan el ritmo de la obra. Los cuerpos ejercen su propia expresión y efectos sobre la puesta. En este sentido se destaca un momento intenso en el que  Juliana, la travestí más vieja, sale a escena sin peluca, con el pelo mojado, el maquillaje encendiéndole la mirada, la ropa apretada conteniendo su figura. Al parecer está herida. Se supone que algo de eso debería ser grotesco, sórdido tal vez, en este momento cierta parte del público se ríe. Pero, lo que pone funcionar este personaje no es una oscuridad decadente o ridícula, todo lo contrario. Cuanto más desnuda y expuesta está, realza su belleza, la pone adelante, más delante que el cuerpo. Es la única que logra salirse de esa métrica propuesta por la obra, ella está siendo otra cosa, devela su fortaleza. Es el mejor personaje, por que está anclada en ese submundo de una manera lastimosa, quizá aun más que su compañera y sin embargo, puede sobrepasarlo. No hay en Juliana vestigios de lo grotesco. Su esencia bifurca miles de interpretaciones, la que provoca risa, sería la más fácil y tonta.  

El paisaje sonoro es tan intenso como las acciones y las miradas. El bullicio, los gritos, los golpes, la cumbia villera son efecto del caos y la violencia exterior que ancla al espectador en ese mundo hostil, que se reinventa en la distancia que ejerce la obra sobre lo contado. No hay valoraciones. El espectador terminará por forjar el sentido de la obra. El juego queda planteado y el Mágico bailable se impone como promesa de una felicidad clandestina, a la que todos quisiéramos alcanzar, pero esta puesta tiene su propia épica y giros. Bastará con relajarnos en ese devenir, viejo, sólo y puto.  

[Ficha técnica artistica]

Actúan: Patricio Aramburu, Marcelo Ferrari, Darío Guersenzvaig, Federico Liss, David Rubinstein
Escenografía: Gabriela A. Fernández
Iluminación: Matías Sendón
Diseño sonoro: Fernando Tur
Asistencia de dirección: Jorge Eiro
Asistencia artística: Adrián Silver
Producción: Jorge Eiro, David Rubinstein
Dirección: Sergio Boris

[Funciones]
Sábados 22hs
Espacio Callejón: Humahuaca 3759
Informes: 4862-1167 / http://espaciocallejon.blogspot.com/
Entrada: $60 y $45

Crónica de una canción


Una mañana descubriendo a Tobogán Andaluz con José Goyeneche de Valentín y los Volcanes.  

Nadia Sol Caramella

ph: Matt Knoblauch
Día de semana. Ellos suben al tren, tienen la intuición de que algo bueno va a pasar, y eso bueno podría ser cualquier cosa: una coca helada, una desayuno con amigos, tocar canciones bajo el sol.

Llegan a la casa de José. Facu acomoda los micrófonos, corre de lugar los amplis. José sale al patio y se sienta al lado de la pileta, que al parecer hace tiempo está vacía. Eso lo vuelve lejano, como de otro tiempo. La escena se desarrolla casi en silencio, sin querer el amanecer produce sus propias melodías.

Facu es el frontman de Tobogán Andaluz, una banda que abre grietas desde el under más under. Con guitarra en mano, los Tobogán arman su propia escena. Parecieran ir por los bordes de los ámbitos más “indies” pero a la vez confluyen en los mismos espacios. Por eso, hay que ir a buscarlos en alguna escalera escondida del Matienzo, en el baño de Zaguan Sur, en el camarín de La cigale o en la plazoleta en frente de Pura Vida, sin luces, sin micrófonos y con un pequeño grupo de amigos cantando canciones, mientras a metros todo suena más fuerte, profesional y agitado.

José y Facu se cuelgan las guitarras, empiezan a tocar en la habitación. Las rejas de la ventana dibujan sombras sobre sus cuerpos, los recorta y les devuelve la forma. Algo vibra en sus canciones, son simples, honestas. Suenan como si esas melodías siempre hubieran existido.

Más tarde, por alguna razón, Facu sale. Entonces José se anima: “Facu tiene una facilidad increíble para las melodías oscuras, festivas, melancólicas y yonkies. Son canciones pop, pero llenas de muerte, de rabia, de chicas sub 20 del conurbano, que muerden su corazón con el único objetivo de hacerlo sentir una mierda. Él aprovecha cada derrota para componer alguna canción urgente. Pero me alegra verlo triste, luchando contra la afectación que afecta a cualquier artista joven. El nombre de su banda es horrible, tal vez el peor, y eso es una buena señal.” José apoya la guitarra en el piso y prende un cigarrillo, mira por la ventana y ve a Facu sentado en el pasto bajo la sombra de un árbol, que al lado suyo es un gigante, algo desproporcionado para ese retrato. Al notarlo José sonríe y sigue: “La simpleza que emociona no es únicamente simpleza, es algo más. Es la complejidad en un molde simple. Un guitarrista que puede tocar miles de notas por segundo no es un artista, es un atleta, salvo que esa destreza desnude su espíritu. Es una suerte que Facu no sepa tocar más que algunos acordes. Si Jonnhy o Cobain hubieran estudiado diez años de escalas, posiblemente nuestra adolescencia no hubiera sido tan divertida.”

La mañana pasa. Las canciones se repiten en una playlist. Facundo y José conversan sobre “La capital del mundo”, el próximo disco de Tobogán Andaluz. José asegura: “El nuevo disco no puede ser menos que un gran mapa plagado de botellas de vino, muchachas con vestidos de feria americana, cajas de fósforos que encienden la noche y el deseo atrapado en palmas que aplauden bellas y terribles melodías." Una descripción sugerente para un disco que se hace desear. 

(Mientras tanto descargá “Viaje de luz” )

Entre tus cosas


Vero Gatti pobló la sala de artes visuales del Club Cultural Matienzo de un ecosistema íntimo que invita a la exploración.
Por Nadia Sol Caramella 

“Quiero entrar en tus cosas/ revisar, abrir cada cuaderno/ y dejarlo en su lugar”, canta Melero y de eso se trata Hábitat, la nueva propuesta de la ilustradora, muralista y diseñadora Vero Gatti. El público asistirá a una pequeña habitación, y como un buen voyeur deberá reconstruir las partes de un mundo ajeno. El recorrido será intenso: dibujos de técnica mixta, serigrafías, una instalación site-specific (micro-mundos para ver con lupa), cuadernos de dibujos y notas de la artista.

Habitat no es una muestra estática, más bien se trata de una vida interior extrapolada en un caos de habitación, perfectamente ordenado. Hasta diría que es una subjetividad interpelada y dividida por el espacio físico. Esa habitación no es otra cosa que un pequeño ecosistema, el ámbito que reúne las condiciones necesarias para que esta artista pueda sobrevivir, perpetuando su esencia. Hace unos días atrás Vero habló del tema en una entrevista: “Hábitat tiene que ver con eso, con mostrar de dónde viene mi arte, y por otro lado mostrar cómo es mi manera de ver el mundo y de crear arte.”

Si el espectador cumple el rol de un voyeur, esta artista podría inscribirse en el oficio del bricoleur, esos artistas que dialogan con su obra, utilizando materiales heterogéneos, restos de otras estructuras, creando desde la posibilidad de la combinación y la yuxtaposición. Esta exhibición reconfigura elementos esenciales de la vida de una artista, confundiéndola con su obra, en distintos momentos de su vida. La subjetividad y el paso del tiempo dejan sus huellas en los objetos. La combinación, la exhibición y la composición en el espacio, van creando hilos para volver y cruzar diagonales entre la vida y la obra. Pero también se trata de un encuentro de interioridades,  esos cruces a la vez que desnudan la vida ajena, nos interpelan desgajando toda esa estructura externa con la que solemos andar por la vida. La muestra de Vero Gatti, invita al ejercicio de la intimidad. Un juego al que hay que animarse. La exploración va más allá del hábitat de la artista, lo trasciende.


[Sobre la muestra]

La exposición se puede visitar los miércoles de 19 a 23 hs; los jueves de 22 a 1 hs; y los viernes y los sábados de 22 a3 hs, hasta el 28 de octubre.
Curaduría: Agustín Jais, Sonia Basch, Manuela Trujillo, Martina Amiras.
Matienschön | Artes Visuales en el Club Cultural Matienzo
Matienzo 2424 (y Av. Cabildo al 300), Buenos Aires.
Entrada libre y gratuita.

[Contacto] 


¡Maldita y hermosa Helena!


Deseo, la obra que articula las contradicciones entre lo natural y lo cultural, el placer y la ley, el impulso y sus restricciones. Las enamoradas, Helena y Casandra, transitarán juntas por los pasajes de una profunda tragedia, el lado oscuro del placer ante los ojos de la cultura.  

Por Leandro Rossi y Nadia Sol Caramella

Deseo “se dice del anhelo de saciar un gusto”, o más bien, una necesidad de poseer al otro, y al mismo tiempo, liberarlo en esa concreción, en esa intuición de la carne. Esta obra como pocas ha logrado volver a la escena clásica pero con un discurso moderno, que se instala a través de ciertas transgresiones de la historia y a través de artilugios teatrales: proyecciones que remplazan la escenografia, y en ese desplazamiento, la imagen cobra vida, se vuelve erótica y onírica. El maquillaje y el vestuario adquieren matices ochentosos, pero a la vez, visten telas blancas o negras de caídas naturales, que delinean cuanto hay de excéntrico y de interioridad en esos personajes. Momentos de danza y jadeos donde los cuerpos pisan fuerte el escenario, irguiéndose para marcarles las coordenadas al espectador. Habrá que ir tras esos gestos, tras ese rito erótico, tras esos movimientos, que parecen una coreografía voguing, aquella subcultura de los suburbios de Nueva York, nacida de las drag queens. A esta altura el espectador no es otra cosa que un voyeur respondiendo a estímulos.   

La recreación visual de la naturaleza, sus árboles, sus hojas verdes y la tierra nos trasportan a los tiempos de Casandra (Federico Castellón Arrieta) y Helena (Lisandro Outeda). Ambas desesperadas por consumar la pasión de sus cuerpos, luchan para defender ese impulso que les es natural. El freno a ese deseo será  Hécuba (Contanza Nacarado), quien lleva en su voz las marcas del discurso de la doxa. Y se ampara en dogmas divinos para impedir la consumación de la pasión entre ellas. La ley, como resguardo de la norma, sigue parámetros que son regularmente sociales y culturales. La ley es lo escrito, lo que debe ser cumplido y respetado; y es lo que Hécuba defiende hasta último momento. Mientras, Casandra y Helena luchan para defender su deseo, el furor de su pasión. Esas sensaciones que nacen de sus cuerpos sin ningún tipo de recato, son las que desbaratan lo establecido, incluso la tragedia misma. Si el espacio de la ley es lo cerrado: el hogar materno. La sexualidad encontrará asidero en el espacio abierto de la naturaleza, entre el verde de los árboles y el olor a tierra húmeda, ahí la diosa Afrodita entrará, amparada por las fisuras del placer, para bendecir los jugueteos femeninos.

El motivo de la tragedia griega está atravesado por lo mítico. Esta obra se desmitifica aunque siga conservando la caída de los personajes principales: Helena y Casandra correrán la misma suerte que Antígona. Igualmente la tragedia conserva su esencia primordial, que es la desesperación ante el destierro, la soledad y el encierro. Deseo, una tragedia griega se instaura como una historia sin tiempo ni espacio, pero es intensamente trágica por eso mismo, porque podría ubicarse en el presente.

Nada en la vida es gratis, ni siquiera desear a alguien. En uno de sus últimos parlamentos, Afrodita (Débora Nacarate) sentencia: “no hay deseo sin tragedia”. Es que no hay sexualidad posible sin ese dolorcito dulce, sin ese ardor que brota del roce de los cuerpos.     

[Ficha técnico-artística] 

Autoría: Lisandro Outeda
Actúan: Josefina Botto, Federico Castellón Arrieta, Jimena Coppolino, Débora Nacarate, Constanza Nacarato, Lisandro Outeda, Paola Traczuk
Actuación en video: Maruja Bustamante
Producción: Calabaza Productora, Luciana Azuaga, Melissa Falter
Dirección de arte: Federico Castellón Arrieta, Lisandro Outeda
Dirección: Federico Castellón Arrieta, Lisandro Outeda
Iluminación: Celeste Aued
Visuales en vivo: Esteban Barreiros
Audiovisuales: Ariel Cabrera
Música original: Nahuel Galassi
Prensa: OCTAVIA Gestión Cultural y Comunicación


[Funciones]
Domingos 5, 19, y 26 de Agosto, 20:30 hs.
Domingos 2, 9, 16 y 23 de Septiembre, 20.30 hs.
Lugar: Espacio Aguirre, Aguirre 1270, Villa Crespo.
Reservas: 4854 1905 – 4857 9669
Entrada general: $40-. 


Tibieza


La canción venía tramando hacía tiempo. Amor salió el año pasado, pero hace unos días Pablo Grinjot lo liberó bajo descarga gratuita desde su Bandcamp.

Por Nadia Sol Caramella

El corazón al frente. El rojo sangre impacta sobre el blanco de la portada. Se trata de un corazón biológico no de un símbolo, el amor asociado a lo vital, amor y vida, los dos retroalimentándose. Necesitándose.  

Al principio el disco fue una carpeta llamada Amor, como alguna vez hubo una llamada Rocha, otro work in progress que se iba escribiendo y componiendo casi como un diario intimo, página a página, nota a nota. La canción se vuelve intimista y  un poco para guarecerse de esa intimidad que implica hablar de amor, un tema bastante atendido, Pablo aseguró en una entrevista: “la poesía y la metáfora me protegen”. Para esta nota le preguntamos de qué tenía que protegerse: “Me asusta porque tengo la certeza de que mis poesías son mensajes que me envío desde mi interior. Es una expresión desnuda que afortunadamente para mis pudores se viste de metáfora y de imagen, entonces se puede mostrar a la luz del día.”

Desde la tapa y el titulo ya sabemos de qué va el asunto, amor en lo cotidiano: fracasos, recuerdos con sol, también nostalgia, besos que cambian perspectivas, una voz que dice yo y va mudándose de una historia a otra. Cada canción es deseo pero también amor como travesía.  Qué otra cosa podría ser el amor sino un beso de bar y un adiós al final, claro que ese camino no es nada sencillo. Grinjot logró reflexionar sobre esta temática en canciones breves y simples, que nacen del buen gusto de encontrar en lo mínimo la hermosura, que casi siempre se nos escapa. Pero, el disco tiene ese matiz de lo que perdura, logra captar algo del amor, una redención, quizá. La música como mutación.

Trece temas grabados en soledad. Con una orquestación de cuerdas de guitarra clásica, piano, violín y percusiones (también una batería electrónica solitaria que aparece en el último track). Este cantautor ejecutó todos sus instrumentos y venció cuanto hay de trillado en el amor. Una sobriedad admirable. Ningún instrumento baila solo en el centro de la composición, sino que cada uno cede para privilegiar a la canción en su totalidad.  El tono lo da esa mezcla entre lo clásico, vestigios de su academicismo, y  la canción pop que avanza sin soltarle la mano a los ritmos del Río de la plata: el candombe y la milonga.

Los primeros tracks son “Amor”, el que le da nombre al disco, por otra parte es el que más se acerca a lo clásico y “Corazón” un Bossa nova, en el que se perciben los matices del violín que hace de su coqueteo a lo porteño, un agregado potente y familiar.

El ritmo y algo del son del candombe en “Sol de Febrero”, la ubica entre una de las mejores del disco. El resto lo hace la letra: “una bisagra/ de pronto crujió/ sol de febrero brilló/ aquellas estrellas/y el llanto/qué lejos que están/ cuida y da luz/ tu collar.” Una canción sobre besos y caricias que tuercen destinos bajo el sol. Sol de Febrero es una celebración a las bisagras, cierta mujer fue bisagra en cierto caso, me ayudó a olvidar el pasado y me dejó libre para el futuro”, aseguró Grijot cuando le preguntamos por esta cantata a la transformación.

Aunque también con aire tibio de verano y atardecer, “Amor de verano” y “Al salir del mar” hacen lo propio en otra clave, los géneros nuevamente entran en contradicción y se complementan como en el resto del tracklist. Canciones sin etiqueta, por lo menos estas se rehúsan a mi intento por definirlas, a mi juego con las palabras. 

Las baladas del disco: “Imagínate amor”, la guitarra tanguera le da cuerpo y textura a la versos que rezan: “imaginate amor/ si una vez más los dos/ nos cruzamos el charco/ y venimos los dos/ a flashear al sol/como en años pasados”; “Lo que se de vos”, en este tema el fraseo del piano ataja la melancolía de la letra, se trata del amor antes del amor, amar sin conocer al otro, entonces: el imposible, como la forma privilegiada de la fantasía y el enamoramiento.

“Las reglas del amor” es la que cierra el álbum, continúa con las tramas y los límites que se ponen en juego al momento de amar. Sabe a final, a puerta abierta, a bisagra que chilla. Todo para dar el gran salto a un próximo amor. A un próximo disco.  


[Para agendar

Este domingo 9 de septiembre a las 21hs, Pablo Grinjot cumple 40 años y festeja con gente querida en uno de sus lugares favoritos. En esta presentación reunirá a varios músicos amigos para hacer temas de su último trabajo, Amor, y adelantar otros de su próximo disco.

CAFF
Club Atlético Fernández Fierro. Sánchez de Bustamante 764.
Entradas: $40 (anticipadas en Mussetta Café, Billinghurst 894) y $ 50 (en puerta).
Informes y reservas: caff@fernandezfierro.com


La niebla


Por Nadia Sol 

Cazador, cazador, 
quién te esperará bajo el sol…
j.g.


Kris Tate

Ayer la niebla en el bosque. Hoy la niebla en la garganta. No hay tecito que calme esta tos, este aullido. Ansiedad de verano. De verde bajo el sol. De naranjas floreciendo del árbol. De naranja tibio de lona de pelopincho cediendo nuestros encuentros acuáticos. Nocturnos.

Viaje a los viajes en bicicleta. Yo agarradita a tu cintura. 
Los edificios del conurbano gritándole a nuestros gestos.

De entre el blanco abrumado salió una pelota de básquet, fue a parar al medio del arco. La niebla bajó de los árboles del bosque. Los lobos llevaban sus camisetas de fútbol atadas a las patas. La cancha era un frezeer. Blanco colmillo, blanco por la niebla.

Ansias de verano, de sol sobre el asfalto, de peces en tu patio. 
La primera desnudez, blanco por la luna, celeste agua, amarillo por tu pelo. 

Los árboles de invierno hieren al cielo, sus ramas más altas dejan rayones sobre el naranja atardecer. El sol va a dormir al bosque. 

La cancha, ansias de verano, tu pelopincho. 
Un aullido oscurece la niebla.


Fin de zona urbana


En los bordes, un gesto: Atada a la reacción. Una vista previa de la antología de poesía unisex de la editora Nulú Bonsái.

Por Nadia Sol Caramella

Atada a la reacción, más que una antología es un gesto poético donde las ánimas de toda una generación se autorepresentan evocando las contradicciones de la existencia contemporánea: devenir poema a pesar de una ciudad opresiva, a la vez que fascinante.

Todos estos poetas son bichos de ciudad, pero reniegan de ella; por eso revitalizan desde la palabra cada mínimo rasgo de naturaleza, que encuentran entre tanto ladrillo. Como una flor nacida en una grieta del pavimento, subsistiendo a pesar de las miserias urbanas, el imaginario que recorre la mayoría de los poemas se ancla en el rescate de cualquier pedacito de naturaleza, de vida: “el árbol de enfrente de mi casa/ lo es todo” escribe Sebastián Goyeneche. Unas páginas antes, Julia González advierte: “Si ves que está lloviendo, no pongas música al palo. / Menos si es reguetón. / Porque lo lindo de la lluvia es escucharla. / Ni hablar si la ventana está sobre la cabecera de la cama y el comportamiento de las sábanas es agradable”. En semejante escenario, una bocanada de aire fresco: una hojita de menta asoma casi imperceptible. El poema se tambalea en el ambiente hostil, rosa lo natural y dice con la voz de un pequeño aullido: “La menta se pone grande y en los días más calurosos las hojas miran la tierra”.

En medio de la ciudad aturdida y aturdidora, del encuentro con las mínimas expresiones de la naturaleza nace la poesía: “Un árbol se muere/ y nadie lo entierra. /  Su único hueso queda ahí/ desnudo todo el año”; estos versos del poema “Jardinería cero”, de Carla Sagulo, van al recate de esas imágenes que casi siempre naturalizamos, creyéndolas obvias. 

Pero también salir de la zona urbana es una promesa de creación poética. 1900 kilómetros más allá Patricia Pietrafiesa se encuentra con el silencio norteño, tierra fértil para el poema, que muere diciendo “El destino perdí el 6 de enero en Retiro, / ahora contemplo las piedras solitas que se consuelan en silencio esperando el anochecer/  y el cardón sin flor revienta…/ En el mismo silencio nos callamos los dos.”

Atada… es un encuentro de miradas algo desencantadas, sí,  pero sin ningún vestigio de tragedia. Al contrario, ante tanta maquinaria opresiva estos poetas son conscientes de que su única venganza es ser felices. Y la poesía es el abismo a donde van a parar todas sus insistencias.

Los poemas remiten al hoy, una época en la que formas de vida emergentes se contraponen a viejas hegemonías. Sebastián Bruzzese ilustra esto en su poema “Ciencias duras”, donde con cierta ironía se bufa de las reglas de los seres vivos, que nacen, crecen y se reproducen, evidenciando es sus versos lo tontas que pueden ser las reglas y las fijezas del imaginario capitalista: “yo, / como todo ser vivo, /debo atenerme a las reglas (…) reproducirme/ y morir / para reproducirme/ debo reproducir mis condiciones materiales de existencia, / pues a un hijo hay que alimentarlo/ con el devenir pan del trabajo alienado/ la muerte será un juego/ y mis hijos/ testigos de un cuerpo que se irá marchitando/ con las estaciones del año/ o sin ellas.“

Esta antología/gesto, tal como su nombre lo indica, más que una acción es reacción. Por un lado, reacciona frente a los estímulos contemporáneos. Y por otro, es una respuesta a incógnitas y acciones previas, un homenaje a Patricia Pietrafiesa, activista de la ideología punk, icono del “Hazlo tu mismo” en el Río de la Plata. Atada a la reacción es la continuación de una acción y de un pensamiento.  

Estas ánimas no buscan ser vanguardia, sería estúpido si así lo hicieran, más bien son el símbolo escrito de un arte que quiere transgredir ese arte sabiéndose arte. Se trata de una poética apilada, yuxtapuesta, una reacción colectiva y contemporánea, que escribe como el río, que inunda sus costas desdibujando sus propios límites, es puro gesto y ahí radica su mayor logro.  


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