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Valentín Corona: "Erase una vez el amor, pero tuve que matarlo", de Efraim Medina

En apariencia, se trata de una serie de historias que se entrelazan a lo largo de la obra. Las aventuras de Rep y sus amigos (Toba, Ciro, Ray), la relación sentimental entre Rep y su chica; las desventuras entre Sid Vicius y Nancy, la caída de Kurt Cobain, el lazo de cariño entre una abuela y su nieto, etc. Yo me atreveré a dibujar mi propia versión de los hechos, la cual, es la siguiente: La historia, en apariencia forzada, representa el estado anímico del mismo Rep, al encontrarse aún, inmerso en su relación con “cierta chica”. En tal sentido que, por ejemplo, Nancy representa la parte intelectual, y Sid, la parte sensible. Entre ambas entelequias se desarrolla un conflicto demasiado profundo, a tal punto que, uno de los dos debe “morir” para que el otro continúe respirando. Del mismo modo, Dillinger representa esa parte “salvaje” que se acrecienta ante la falta de perspectivas claras y bien definidas, dentro de una sociedad que, por lo general, tiende a deshacerse de aquellos que no estén dispuestos a aceptar y cultivar los preceptos que la sostienen, y mantienen, vigente.
Intempestivamente el protagonista principal de la historia irrumpe, dando una descripción de sí mismo, además de una suerte de advertencias:    

“No digo que soy malo pero digo ten cuidado. Soy de una raza indómita, que se mueve rápido, esa clase de seres que deja a su paso un rastro de ansia. Ya no digo mentiras porque perdí la imaginación pero no hay nada que sea confiable en mis verdades.”

Ya sin cortapisas que obliguen a ajustar la conducta a ciertos lineamientos, al saber que no se debe nada a nadie, sino por el contrario, viene el momento de (a la manera del “cobrador”, personaje de uno de los cuentos de Rubem Foseca), Rep y sus amigos, se dedican a llevar una vida licenciosa y hedonista que no acepta un NO como respuesta frente a sus deseos, los que, poco a poco, se van extendiendo hasta llevarlos más allá de las fronteras de Ciudad Inmóvil, Toba es el primero que decide probar suerte en Bogotá. La ciudad lo lleva a perder su antiguo interés político, para adoptar a Bob Marley como su profeta “un profeta marihuanero y gozón”. Del mismo modo, Toba es el primero en enfrentarse a las decepciones del amor. Toba dice que “el amor es un fraude”

“El amor no es un fraude, Toba. El amor es un límite y nos mide.”


Al poco tiempo, Ciro y Rep se mudan a Bogotá, con Toba, la mayor parte del tiempo se dedican a contemplar el cielo raso, y a reflexionar en todo lo que se encuentra a su alrededor, con la paciencia profunda y “ociosa” de los primeros pensadores de la Antigua Grecia, aunque, por supuesto, adaptada a las condiciones de los tiempos que corren:

“La filosofía escruta la existencia pero no nos ayuda a existir. La religión nos enseña a despreciarnos. El arte es una buena coartada pero lejos de casa se vuelve innecesario.”    

Rep es el siguiente en padecer los estragos de las decepciones amorosas, lo que lo lleva a reflexionar al respecto, se ve inmerso entre aquello que quisiera que fuera y lo que es. Por más que se profese una infinita fe en algo, siempre llegara el momento para darse cuenta que algunas cosas (por más que se deseen) nunca podrán ser como uno quisiera que fueran. Y no resta nada más que continuar adelante. Plantarle cara a una vida que, si antes del amor era dudosa, al término se vuelve aún más sospechosa. La impotencia de alcanzar los objetivos y aquello que se vislumbra con ciertos matices de una posible felicidad, así, de un día para otro, se tornan en un dolor agudo que parece difícil de superar.

“Cierta chica sigue doliéndome, no encuentro lo que busco y lo que busco ya no puede ser ella, ella me mandó a ver si la puerca puso y cuando le dije que sí, me mandó a peinar tortugas. Estuve intentando un tiempo pero ya sabes que cuando el amor se apaga es más frío que la muerte. Lo malo es que los dos extremos no se apagan al tiempo y cuando eres el extremo que sigue activo más te valdría estar muerto.”

Las imágenes con las que Efraim Medina nos dibuja los estados anímicos de los personajes nos llevan, incluso, a sentirnos dentro de la piel de estos. La empatía que despiertan nos lleva a asumir una complicidad unilateral, ya que, sabiendo que al llevar la vida por ciertos rumbos, esta, inevitablemente, desembocará en ciertos parajes espinosos que siempre moverán a la adherencia de las causas perdidas. El idealismo romanticista en todo su apogeo.

 “Cuando se está así todo es apropiado, el mundo gira sobre tu mano y aunque no es nada, brilla. Ella tiembla cuando la rozas, te entrega todo, aun lo que guardaba para el mal tiempo. Una dulce y sensible criatura de Dios. Eres su héroe y no tienes que esforzarte para ser bueno y confiado.”     

Y enseguida, el tránsito de tal estado a su contraparte.

“Y un día todo acaba, ella dice jamás y es en serio. Te enloqueces tratando de abrir la puerta que abriste mil veces. Eres para ella menos que un mojón en la carretera.”

A partir de este momento, los amigos se lanzan a una serie de aventuras agrupadas bajo el sugerente título de: PRODUCCIONES FRACASO LTD, cuyo lema es “donde se necesite un fracaso allí estaremos”

Posteriormente, aparece una especie de “libreto” de una película que PRODUCCIONES FRACASO LTD piensa filmar. Entre los parlamentos van apareciendo una serie de preguntas y respuestas que, de alguna manera, nos llevan a pensar al respecto (aunque en el libreto pretendan ser parte de un absurdo, por ejemplo:

P.M.: ¿Qué opinión le merecen personajes de su país como Gabriel García Márquez y Fernando Botero?
Yo: Ninguna.
P.M.: No puede negar que son luminarias reconocidas internacionalmente.
Yo: Esa gente me recuerda a las luminarias del alumbrado público que había en la calle donde nací. Hacía siglos que se habían fundido y nadie se preocupaba por cambiarlas, al cabo, cuando estaban en servicio, tampoco servían para un culo.

P.M.: Sus opiniones sobre el arte han armado un polvorín. ¿Qué opina de ello?
Yo: Sólo dije que la música es un arte que desapareció a finales del siglo XIX, que la pintura acabó poco después y que la poesía no ha nacido aún, que sólo será posible cuando el hombre desaparezca. La poesía, según creo, es alérgica al hombre.

Si sólo pudiera vivir con lo que considero arte ya habría muerto, por fortuna soy capaz de comer mierda como cualquier habitante del planeta, es sólo que no necesito disfrazarla de caviar. Esa es mi diferencia con el resto del mundo: ellos comen mierda todo el tiempo como si fuera caviar, así que cuando tienen verdadero caviar en el plato no lo notan. El notar las diferencias es lo que me hace superior.

P.M.: ¿Qué sugerencias les haría a las nuevas generaciones?
Yo: Les sugiero la inmortalidad del cuerpo y la venta del alma, que en vez de visitar iglesias vayan a las carnicerías.

P.M.: ¿Qué opina del amor?
Yo: es un asunto de velocidad: si no te andas aprisa te joden. Todas esas niñas del culo o del dinero esperan que salgas, apuntan sus balas de plata directo a tu corazón y si no te metes en tu propia velocidad acabarás delirando en una acera como Don Quijote o quizá te conviertas en un perro, al que han apaleado tanto, que lo único que sabe hacer es cubrirse.

P.M.: (el chico) ¿Estuvo enamorado alguna vez?
Yo: Sí, de un popó menguante. Pensar que casi me pudro cuando se fue me hace sentir que soy un popó creciente.

Puedo afirmar que, Erase una vez el amor pero tuve que matarlo, más que el libro clásico que cuenta una historia de principio a fin, del fin al principio, de el nudo al desenlace, etc., es más una obra de ideas que otra cosa. Se trata de un periodo en la vida de un “vividor”, un fragmento de la vida. Y los estragos de esa guerra, eufemísticamente llamada amor.
Retomando la tradición de Fante, Celine, Bukowski, Carver, etc., Efraim Medina toma a la vida real como asunto literario. Que sea la vida misma quien se exprese a través de mi pluma, pareciera decir el escritor colombiano.
También puede verse como un libro de confesión:
      
Uno se mete a escribir porque no fue capaz de pegarle a un chofer que lo puso en evidencia, porque no destrozó los platos en un restaurante, porque no se enfrentó a un policía loco que insultaba a su novia, porque no le dijo a su madre lo mucho que la amaba y detestaba, porque no escupió a un profesor que decía que la tierra era redonda, porque se dejó ganar el puesto en la fila del cinema, porque no tiene oficio ni beneficio, porque piensa que es una forma fácil de hacer fama y dinero, porque si lo hacen mamarrachos como García Márquez y Mutis uno también puede hacerlo, porque no es bueno para los números, porque no quiere ser médico ni abogado, porque está ardido, porque odia a la gente y quiere insultarla (…) porque, erase una vez el amor pero tuve que matarlo.

LA GUITARRA INVISIBLE. Segmento del libro que intercala las causas que, de manera paralela, “explica” aquello que mueve a los verdaderos artistas a sondear en los bordes de la razón y la vida misma. ¿Por qué un escritor escribe? ¿Porqué un joven guitarrista decide volarse la tapa de los sesos? El resultado (y eso es lo más cagante de todo) es precisamente el mismo desenlace que todo mundo vislumbraba, no el que uno deseaba. Para los iguales, represento la evaporación de una nueva posibilidad y, una vez más, el fin de la primavera.
¿Por qué lo hizo? Carole dijo: Se mató por lo mismo que yo me mataría.

En un párrafo más adelante, nos podemos encontrar con la explicación de porqué diablos el amor debe morir algunas veces. Y no sólo morir, sino mejor aún, porque debe ser asesinado.

Mi amor es sobrenatural, un pecado sin Dios, una telenovela sin fin, un nuevo comercial de margarina. Como a quien debo matar es a mí, mato el amor. Como soy el incendiario, el innombrable, lo nombro a él. Como no he podido explicarle a ella cuánto la amo, se lo explico al mundo (…) A veces pienso que ya no amo a cierta chica, que ese amor ha muerto, pero cada amanecer pequeñas y voraces criaturas chupan mi corazón.

Yo no sé si todo el mundo tenga la suerte de toparse alguna vez en su vida con un amor imborrable, o, al menos, muy difícil de trascender.
En lo personal, alguna vez llegue a la conclusión que, al encontrar a la persona capaz de despertar un amor así, y que ésta decida pasar de largo por nuestras vidas, algo muy dentro de nosotros comienza a ser devorado, como el mismo Efraim lo describe haciendo uso de una fábula titulada el valor de la termita, así pues, el autor nos plantea que esa “termita”, poco a poco habrá de ir devorando al bosque del amor verdadero, hasta dejarnos a la intemperie, hasta dejarnos como presas fáciles de cualquier cazador.


Y a modo de epílogo, algunas de las tantas frases esparcidas entre las 180 páginas de esta excelente primera novela de, según mi parecer, uno de los mejores escritores de Colombia, en la actualidad:


“El amor golpea más fuerte que Tyson, se mueve mejor que Alí, es más rápido que Ben Johnson dopado. Aunque calces 48, el amor puede tirarte al piso y hacerte rodar hasta que no quede un pelo en tu trasero. Para que te hagas en los pantalones al amor le basta un suspiro.”

“A veces hay mujeres, las mujeres son lindas por un rato. Cuando estoy enamorado de una mujer, trato de verla lo menos posible; no me enamoro con facilidad, así que cuando pasa procuro que dure. Quisiera amar otra vez, darle lo mejor de mí a una chica. Lo malo es que no sé qué es lo mejor de mí, no estoy seguro que haya algo mejor en mí.”

“Dijo que mi ideal femenino estaba más cerca de un hada madrina que de una verdadera mujer.”

“En mi opinión, amar a una persona quizá sea más fácil que entenderla pero mucho más peligroso porque el amor siempre duele. Uno puede tratar de entender a alguien pero no puede tratar de amarlo. El amor surge involuntario. El amor puede aumentar o bajar hasta diluirse pero no puede imponerse. A veces nos gustaría amar a determinada persona, incluso podemos comprobar que la persona tiene todos los atributos para que la amemos y no ocurre. Uno se acostumbra a cualquiera con mayor o menor trabajo pero acostumbrarse no es amar. No sé si pienso lo correcto o mis ideas son absurdas pero tiendo a creer que el amor existe, que es una invención del hombre y que ahora está fuera de control. El amor más estúpido y delirante es el de una madre por el hijo pero al menos tiene un piso biológico. Pero pensar que te encuentras a una desconocida y al poco tiempo darías la vida por ella me parece inexplicable.”

“Mónica era buena pero incapaz de producirme amor. Si lo analizo en detalle, ella tenía más de lo que podía soñar y creo que eso era lo malo: para amar a alguien ese alguien debe tener lo justo. Un poco menos es insuficiente. Un poco más hecha todo a perder.”

“Hay gente que come para llenarse el buche y esos pueden vivir sin amor pero no sin compañía. Otros morirían de hambre antes que aceptar algo mal preparado. Estos últimos serán eternos solitarios a menso que den con la medida justa. Cuando se piensa en el amor las ideas no tienen consistencia y quizá por ello los grandes filósofos eludieron el tema pero aunque empalague es obvio que nuestra pequeña vida gira en torno a alguien que nos ha hecho felices idiotas o resentidos sabios.”

“Ustedes dirán que exagero pero ustedes jamás serán ella.”

Valentín Corona: Para que no digas que no pienso en ti

El sonido de la batería me ha provocado pensar en ti, y en aquella noche calurosa del mes de abril, y en el aroma de tu pelo. Pero sobre todo en ti, en eso que te hace sobresalir de la multitud: tu lejanía, tu misterio, el saber que estás, sin saber dónde ni por qué. Extraviada. Sola en medio de la muchedumbre.
El concierto había sido organizado para celebrar tu cumpleaños. La chica desconocida más notoria entre la gente; al menos esa noche parecía ser así. Y yo sin conocerte a ti, y tú sin conocerme a mí. Pero eso sí, pásame otra cerveza bien fría.
No, lo peor es que se me acabó el dinero, lo que traía en el bolsillo lo invertí en abastecerme de mota, ya ves que luego la erizés está de a tiro muy fea y, eso no se lo deseas ni a tu peor enemigo.
Bueno, bueno, si se van a poner en ese plan mejor me largo. No, si para pinches fiestecitas jodidas mejor me quedo en casa. Aunque allí a nadie le parezca la idea. Y el cielo siempre se oscurezca sobre el rostro desencajado de papá, furioso por tu irresponsabilidad y ausencia de expectativas, “¿A qué futuro aspiras siendo así? Recapacita, busca un buen empleo, forma un hogar. ¡Carajo! Haz algo con tu pinche vida”. Y si para mañana no eres otro, te buscas una casa donde te aguanten tus jodidos sueños quijotescos, ¿está claro? Sí papá, mañana me largo a primera hora. 
Siempre existirán las noches perfectas que se recorren L-E-N-T-A-M-E-N-T-E para descubrir en ellas, igual que sobre el cuerpo de una mujer desnuda, lugares inhóspitos, durante las horas en que la ciudad es otra, distinta a la de las 10 de la mañana o la de las 3 p.m. La ciudad que sueña ser recorrida por aquellos a los que papá te prohibió terminantemente dirigirles la palabra. Y tú, en cambio, intercambias con ellos 15 pesos por un bonito día soleado. Eso los hace felices a ambos. Ríen. Esconden su secreto envuelto en papel de estraza, en el bolsillo. Continúan su camino.
Cada cierto tiempo alguien toma los instrumentos para improvisar o, ya de plano, aporrear cuerdas y tambores como poseído por el demonio. No faltan las canciones de Nirvana o Radiohead, los más pedidos con su Smell like teen spirit y Creep, respectivamente. La adolescencia iba a la baja en la bolsa de valores. Pero a los jóvenes, ya sabes, de que se les mete una idea ni quién se las quite de encima. Lo bueno es que sólo se trata de fashion, pura moda, al rato se les pasa y cambian su camisa de franela y sus pantalones rotos por el sombrero y un par de botas vaqueras. Lo que les pongas enfrente se lo tragan. Si te digo que están bien pendejos.
Aunque tal vez alguien te la presentó ese día, u otro. A fin de cuentas lo mismo da, si siempre andabas bien dopado, hasta la última célula de la tercera circunvolución lateral de tu diminuto cerebro tamaño nuez. Fue el Chulis quien te la presentó. Debió ser él. Sí, porque él te invitó. Y, a él, muy probablemente nadie lo haya invitado. Pero esas son pequeñeces. Lo importante era saber ¿quién demonios es América? ¿Dónde está? La única información al respecto es que se trata de una mujer ¡Vaya información!
Para entonces, un tipo a la batería repite las primeras notas de Entersandman de Metallica.
Cuándo llegaste, las puertas estaban bien cerradas. Ella había dicho: “ya no entra nadie”. Así que debiste escalar paredes, pero al fin estás dentro. ¿América  es la tipa de cabellos rojos y el tatuaje del Sol en medio de los senos? O, ¿fueron dos? Una con los cabellos rojos y otra con el sol saliendo entre sus pechos. Debiste preguntar el nombre del artista ¡Carajo! Qué tatuaje tan bueno. Si cuando quisiste verlo de cerca, clarito sentiste cómo te quemó en la mejilla. Sí, ¿pero, quién chingados es América?
Fue sorpresivo encontrar tu amplificador en medio de los instrumentos, el que le prestaste hace un mes al Chulis y que, cuando se lo pedías, nada más se hacía güey. Entonces, por eso sí debió ser él quién te presento a América, la del sol bien hecho, porque la de cabellera roja era otra: una punky de Monterrey. Eso fue antes del happy punk. Sí, por eso, cuando el punk era punk y no mamadas. Aunque, no te creas, ya entonces había suficientes posers para poblar medio planeta. Pero en fin, los posers siempre han existido, sí, son como las méndigas cucarachas de aferradas (hijos de toda su cúcara-macara-títere-fue)
La alberca estaba vacía, eso fue bueno, porque, como se pusieron de pedos, no faltó al que le valió madres y, así nada más, se lanzó al vacío; a la alberca sin agua. Jajaja, que se le abre la tatema y le escurre el chorro de sangre. Se quedó dormido y despertó hasta el siguiente día, sobre una cama de la Cruz Roja. Espero que por lo menos haya sido un poser. Aunque, de que se rompió el hocico, fuese poser o macizo, se lo rompió.
Te presento a América, dijo el Chulis. Qué onda, mucho gusto. Así que ésta es tu fiesta ¿y cuántos años cumples? ¿Tú cuántos me calculas? Responde ella evadiendo tu pregunta, como si tuvieras tiempo para adivinanzas pendejas. Y luego, ni modo de decirle que veinti-tantos tirándole al treintas, porque la verdad sí se veía medio cacheteada por la vida. Así que, volteas y observas a tus espaldas cómo algunos destapan la cerveza que sacan entre los cubos de hielo. Diecisiete-quieres-una-cerveza ―respondes sin esperar respuesta, e inmediatamente te lanzas sobre la hielera llena de cervezas Victoria.
¿Alguien trae un cigarro que me obsequie? ¿Nadie? Bola de jodidos.
En serio, yo no sé para qué invitaste a tanto gorrón a tu fiesta, ¿eh? Ni un méndigo cigarro traen. Tú sí debes de tener ¿verdad? Regálame uno, aunque sea de yerbita. Así que tú eres la famosa América, comentas al tiempo que le extiendes una cerveza. Notas casi imperceptible un destello en su mirada. El mismo que se le encendía a tu novia justo antes de decir que tenía ganas de cogerte. Nunca la contradecías, todo lo contrarío, todo lo contrario. Pero, ¿quién era esa mujer de cabellos rojos? Era Lola, corre que corre sin parar.
Esa melodía lenta en la guitarra. Las primeras notas de Fade to black. Sí, pero, lo mejor está en el desenlace. La Cindy Lauper regia me clava las uñas en cuanto escucha la canción. Yo no sé por qué, si a ella lo que le gusta es el punk, sobre todo los Ramones y The Clash, los Sex Pistols no, le enojó la gran estafa londinense de la reina boca floja. Luego se la pasaba escuchando, una y otra vez La chica banda de Café Tacuba. Pero esa es otra historia, como dice el comercial. Entonces era punk de sangre azul. No hay futuro, dice, dice. La generación del amor no es opción, ni el sexo ni la paz; un poco quizá, la mari o el peyote o, cualquier cosa capaz de hacerte olvidar que aún estás aquí, sin una pinche idea acerca del para qué.

América, escucha toda aquella sarta de disparates, aparentemente encantada. Ella ama al drogo, Kurt Cobain, dice que sólo él podrá llegar un día al sol. Él ya lo había intentado y se quemó.
Unos años después, murió el drogo sin haber tocado el sol. Hubo incluso quien se quitó la vida. Una vida muy vacía, sin duda, para hacer eso. Cuando se está hasta la madre de todo, no se necesitan pretextos para darse cuello, I hate myself, so I want to kill me, basta con ser uno mismo por primera vez y mirarse frente al espejo. Entonces si, Goodbye blue sky, es decir, quién soportaría algo así.
América viste de cuero negro. Su lustroso pantalón de piel imita los destellos de sus ojos deseando la desnudez y el sudor. La punky no se llama Lola sino Carmina, ella más bien quiere romperme la madre, o eso leo en su mirada y la boca imitando el gesto de jódanse todos a la Sid Vicious. Al fondo, la música de Tijuana No provoca el pogo que, pronto hace resbalar y caer, dentro de la alberca vacía (con una mancha roja al centro) a unos cuantos ebrios desequilibrados.
Carmina se concentra en patear traseros en medio del slam; lanza patadas y golpes al aire como dirigidos hacia un enemigo invisible, sin embargo, éstos chocan contra la humanidad, de antemano dolida por la vida, de los jóvenes que sólo quieren divertirse golpeándose entre sí. Dicen que los golpes repartidos entre muchos, duelen menos. Tal vez por eso la necesidad de las manadas, lo mismo entre los animales que entre los humanos.

Algún día soñé conocer a América. Hoy es su cumpleaños. Estoy aquí, preguntando ¿Cuántos años cumples, América? Gracias por invitarme a tu fiesta. ¿Tienes un cigarro? I love you so I want to kill you.
La canción termina en ese momento. Un puñado de amigos chocan sus botellas de cerveza, en un brindis fuera de tiempo. La última canción antes de perder la conciencia, me voy hundiendo conforme se apagan las notas de la melodía, América me besa, más por lástima que por otra cosa. El amor tiene distintos atuendos: te amo, por eso te mato, dice Sid a Nancy antes de enterrarle el puñal, amorosamente, en la boca del estómago. Una cosa es cierta: el amor apesta. Y, yo me estoy enamorado de América. De Carmina no, aunque cogería con ella si América no estuviera aquí.
  Con el tiempo, nos damos cuenta que el amor no existe, es cierto. Sin embargo, eso no me inquieta demasiado, aún queda el sexo que, a decir verdad, no es asunto irrelevante. 
La batería marca el ritmo de mi recuerdo sobre ti, en un tiempo, sin duda, vivido con la intensidad del vapor pretendiendo escapar de la olla de presión.

ффффф

Frente a mí están mi mujer y mi hija América. Se llama así, en tu honor, ¿sabes? Tal vez, algún día, ella también acogerá al sol entre sus pechos; y conozca a un tipo que escriba recuerdos de ella al escuchar el sonido de una batería.
Hoy es el cumpleaños número diecisiete de mi hija.
A estas alturas, me resulta imposible confiar en alguien. Vigilo cada movimiento en los alrededores, tratando de adivinar la dirección del golpe. La casa de papá ahora es mía. Aunque aún tiembla de vez en cuando el cielo de concreto, no he podido hacer reparaciones. No sé para qué sigo aquí.
Decidí organizar cada año el cumpleaños de América. Necesito mantenerme cerca, en cualquier momento puede acercarse el tipo al que nadie invitó a pedirle un cigarro; preguntarle cuántos años cumple; enamorarla con sus idioteces y, forjar la línea de cocaína que dibuje el camino de su partida, después de hacer el amor por primera vez. 



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Valentín Corona, nació en San Luis Potosí , México. 1976. Es licenciado en Filosofía por la Universidad Autónoma de Zacatecas. Es integrante del Taller de creación literaria Miguel Donoso Pareja coordinado por el escritor David Ojeda, en el ahora Museo Francisco Cossío.Becario del Fondo Estatal para la Cultura y las Artes (FECA) 2007, con el libro "El ojo desnudo". Por la calidad de su trabajo obtuvo además el premio 20 de Noviembre Manuel José Othón, en Narrativa (2008).
Ha publicado en diversas revistas literarias locales y nacionales. Tiene publicados dos libro de cuentos "Sinfonía para un planeta azul" y el segundo, "La venganza de Jack Kerouac, y otros cuentos marxistas para dormir sonámbulos".
Ha sido coordinador de una serie de talleres de escritura creativa.