menucito

Poesía: Natalia Romero

Ocean Art Print
by Three Of The Possessed


Aguacero

Cuando pasamos el río Sauce Grande

la ruta es toda de niebla
si seguimos el sendero del agua
llegamos a la playa.
Hay lagunas de lluvia
por el camino
el campo se vuelve océano.
Pienso que puedo morir ahora.
Vemos solo líquido que nos cubre
creemos estar al refugio en el auto que nos lleva.
El agua es un cuerpo inmenso 
no se corta, nunca sangra.
Adelante un auto hace luces intermitentes
rojo amarillo rojo
la cortina de agua lo cubre todo. 
Seremos libres
devueltos por la tormenta
sin más abrigo que la lluvia.
Caen sapos del cielo me dijo mi abuelo
yo los ví.
Había olor a mar. 



II

Ella camina adelante, él
se queda parado frente a un árbol
de flores recién brotadas.
Ella no se da vuelta para mirarlo, pero sabe
que se detuvo: no salta más la tierra
detrás suyo, haciendo nubes rojizas
no ruedan las piedritas del camino
con el arrastre de sus zapatillas de lona.
Él levanta la vista, ella está en el centro de la vía
y flamean los volados de su vestido azul.
Su figura se hace cada vez más chiquita,
pasa una camioneta con ovejas y cabras
y levanta todo el polvo de la ruta
hasta desdibujar las líneas que bordean el camino.


[Sobre la autora]


Natalia Romero nació el 21 de Febrero de 1985 en Bahía Blanca. Vive en Buenos Aires desde el 2004. Estudió la carrera de Ciencias de la Comunicación en la UBA. Sus poemas fueron publicados en varias antologías, revistas y blogs. Asistió al taller de Romina Freschi (2007-2013). En 2011 publicó su primer librito de poesía Elijo. Actualmente asiste al taller de Osvaldo Bossi. Dirige la librería virtual A Cien Metros de la Orilla. Algunos de sus poemas pueden leerse en: Todas las costas (blog)

Las fronteras de lo extraordinario: Brevario de furias, de Daniel Diez

Por Florencia Defelippe

            Los cuentos de Brevario de furias desconciertan. Dentro de una atmósfera sobrecargada de lugares comunes, diálogos triviales y personajes excesivamente reales, existen  pequeños desvíos, toques apenas perceptibles que, lentamente, van cobrando peso y terminan por “destapar”, al igual que Pandora y su caja de sorpresas, lo que verdaderamente esconden estas 'criaturas furiosas'. Brevario...logra perturbar al lector desde el inicio, y es esto lo que genera una tensión permanente a medida que avanza cada una de las historias del libro.

            Lo 'esperable', el lugar cómodo, no existe. En este sentido, Diez es un escritor prolijo; sutilmente, guía la lectura avisándonos -con giros repentinos, descripciones oscuras y demás elementos que alejan rápidamente la esperanza de hallar situaciones tranquilas- que sus tramas no cuentan finales felices porque tampoco lo son desde un principio.

            Como afirma Pablo de Santis en “Bestiario”, el prólogo que encabeza a Brevario de furias (Santiago Arcos, 2011): “nada tan afín a la literatura argentina como el género fantástico”. Los relatos de Diez hacen honor a este género, que supo coronarse como emblema de la narrativa argentina con Borges, Bioy Casares y Ocampo. En estos relatos, lo cotidiano incorpora lo extraordinario de una manera tan evidente que inquieta.

            Los hombres conviven con seres cuya existencia es imposible pero que, al figurar de un modo tan natural, parecen verdaderas. La naturaleza acecha de manera permanente, tanto por la aparición de monstruos  como gábulas, ibinas y faisanes plateados, como por la inútil espera de fenómenos que no llegarán jamás: “Odio a todos y a cada uno de los habitantes de este lugar y por sobre todo a esta ciudad. A esta ciudad de mierda en donde ni siquiera es posible ver un poco de nieve”, escribe uno de los personajes de “Nieve en Buenos Aires” en su diario secreto, presa de la más rotunda decepción.

            La furia no se presenta sólo en las criaturas imaginarias; los seres humanos son víctimas, también, de su propia violencia. Cuentos como “Mi familia” y “Parque Chas” llevan a estos vínculos enfermizos hasta las últimas consecuencias. Y los personajes caen al vacío infinitamente, sin poder si quiera atinar a modificar su situación.

            Si bien por momentos los textos se muestran algo repetitivos, y en muchos casos, el desarrollo de las narraciones se presenta sin la profundidad necesaria como para producir el efecto deseado, Brevario de furias construye ficciones que atrapan y exasperan, superan los límites entre lo verdadero y lo imaginario y alcanzan, de esta forma, a la creación de un mundo en el que la convivencia entre lo real y lo fantástico es absolutamente probable, auténtica y admisible.

[Más sobre el autor]
Daniel Diez (blog)

Narrativa: Shishunki

por Nicolás Lazo Jerez 

NO CABE DUDA: es ella. Camina como si jamás dejara de pensar en otra cosa o, más bien, como si una nube se hubiera interpuesto para siempre entre su mirada y el mundo. Naturalmente, el último tiempo se lo han hecho ver una y otra vez, sobre todo durante los días previos a su encierro veraniego. Pero nada: parece imposible interrumpir aquel aire distraído. Con su acostumbrado paso lento, terminó de bajar la escalera y, mientras reprimía un bostezo, caminó hasta la línea amarilla que demarca el borde del andén.

            Transcurridos algunos minutos, miró hacia el túnel y advirtió que, por fin, la luz del primer vagón se acercaba poco a poco al punto donde lo estaba esperando. La imagen le recordó un sueño recurrente en que ella, rodeada de una oscuridad penetrante, estira el brazo hacia un leve resplandor que, sin embargo, nunca puede siquiera rozar. El metro se detuvo y abrió sus puertas. Plaza Maipú era una estación terminal, de manera que el tren quedó vacío y ella pudo elegir un asiento desde el cual se veían las vías.

            De súbito, sintió el vértigo de la huida. Delante, todo se le presentaba bajo la forma de un horizonte impreciso, el espacio en blanco donde tendría lugar una nueva e insospechada vida. El túnel del metro constituía el punto de fuga hacia donde se proyectaba el milagro de su propio extravío, como un agujero negro cuyo umbral de entrada fuera el anuncio de una abducción triunfante, una renuncia feliz. Cerró los ojos. Con la cabeza apoyada en el vidrio de la ventana, imaginó que viajaba a bordo de un tren bala japonés en dirección a las montañas más altas del planeta.

            Por el momento, no lamentaba en lo absoluto dejar de ver a los demás. De hecho, la necesidad de un aislamiento total era lo que más la motivaba. Si en su casa todo el mundo daba muestras de una insensibilidad y estupidez extremas, ¿por qué habría de quererlos? Por un instante, vio a su mamá llorando junto a su padrastro y sus dos medios hermanos. Experimentó un extraño placer. Segundos más tarde, no pudo evitar sonreír cuando la escena dio paso a otra todavía mejor: Cáceres, el más imbécil del curso, recibía la noticia de su desaparición con una mezcla de perplejidad y arrepentimiento y se culpaba a sí mismo de la tragedia ocurrida a la que durante meses llamó “Sailor Moon después de la bomba atómica”.

            La idea de hacerse a un lado la sacó de un documental de la televisión española que vio en You Tube, titulado “Hikikomori: recluso social”. Mejor dicho, los casos que ahí conoció precipitaron la inminente decisión de encerrarse en su pieza. Fundamentalmente, la sedujo la profunda radicalidad de la apuesta, la fascinante arrogancia implicada en el gesto de darle un portazo en la cara a quienes la rodeaban. No obstante, su mamá se opuso a que pasara todo el verano en medio de un creciente y sombrío desorden. Pronto perdió la paciencia y le dio un plazo de tres semanas para salir. Hoy se cumple la fecha fatal. Por eso, la hija se levantó a las seis de la mañana y, sin que nadie la viera, escapó sigilosamente por la ventana del baño.

            Volvió a abrir los ojos y comprobó que en el vagón había muchas más personas que antes. Sin embargo, hoy nadie parecía reparar en ella. Se había quitado las cintas del pelo, el collar con campanilla y las largas medias a rayas; en lugar de ropa vistosa, se había puesto una camisa a cuadrillé y unos bluyines de lo más comunes. Para ser sinceros, le resultaba agradable volver a confundirse entre la gente. El deseo de sobresalir, tan insoportablemente adolescente a su modo de ver, era ahora reemplazado por una firme voluntad de anonimato. Miró hacia el exterior del tren. Al pasar por la estación Universidad de Chile, tuvo el impulso de ponerse de pie: demasiadas veces se había bajado allí para reunirse con su grupo de amigos frente al Eurocentro del Paseo Ahumada. En cambio, esta vez acomodó la mochila entre las piernas y se arrellanó en el asiento. Aún faltaba la mitad del camino.

            A lo largo de esas tres semanas, no había hecho prácticamente nada. Leyó y releyó cada uno de los decenas de mangas que se apilaban dentro de su clóset. Dibujó sin parar a los héroes y villanos de las series de animé que ella y sus amigos veían. Escribió algunos poemas de pésimo gusto en que una atormentada hablante se paseaba por la ribera del Shinano y se comunicaba exclusivamente con animales y plantas. Navegó día y noche por internet, reprodujo cientos de veces sus canciones favoritas de Hikaru Utada, Arashi y Kazufumi Miyazawa.

            Fue entonces cuando, siempre ayudada por Google y Wikipedia, descubrió que estaba imitando el modelo japonés equivocado. Su verdadero destino no era convertirse en una hikikomori santiaguina, sino seguir los pasos de los maestros zen, quienes a su vez habían heredado, por medio de los monjes chinos, la tradición budista de la India. Por lo visto, estaba llamada a preservar una larguísima cadena de sabiduría. Con ese objetivo en mente, llegaría hasta la estación Los dominicos –la última hacia el oriente– y, no bien hubiera salido a la superficie, caminaría incansablemente entre los cerros hasta encontrar su propio monte Fuji. Sólo así algún día podría abrazar el dharma o significado universal.

            Cuando el operador del tren anunció el término del recorrido, bajó del vagón y comenzó a subir las escaleras que la conducían hacia la salida. De pronto, notó que algo andaba mal. Rebuscó entre el contenido de la mochila y confirmó su repentina sospecha: había olvidado el cuaderno donde inauguraría su diario de vida. ¿Cómo seguir sin él si allí iba a registrar los sucesos de su nueva etapa? ¿Cómo reemplazarlo por otro si ayer en la tarde le dibujó una portada y hasta escribió un breve e inspirador prólogo? Frunció el ceño; no había otro remedio. Cruzó al andén opuesto y, con el aire distraído de siempre, emprendió el camino de regreso.

Como pez fuera del agua

Con las actuaciones impecables y perturbadoras de Eliana Wasserman y Sofía Guggiari, bajo la dirección de Juan Washington Felice Astorga, la última obra de Norman Briski nos sumerge en la existencia absurda de dos seres míticos exiliados en una terraza cualquiera de Buenos Aires.

por Cristian Franco


Hubo un filósofo que una vez dictaminó algo que parece una pavada, pero que pensado con cierto detenimiento da un poquito de vértigo: Imaginar un lenguaje significa imaginar una forma de vida. Extraña inversión (primero el lenguaje, luego la vida) que es una marca de nacimiento de nuestra cultura: en el principio fue el verbo. No hay más que cambiar en esa furtiva intuición de Wittgenstein “imaginar” por “crear”, para llegar a lo que nos interesa: el dramaturgo se hace demiurgo, su palabra da-a-luz.
50 nereidas es un intento de hacer palpitar como un cristal intocable esa exigencia que está en el núcleo de todo arte auténtico: construir un lenguaje para dar vida. Más aún: las dos protagonistas fueron creadas por ese lenguaje primitivo y voraz, y las palabras que pronuncian (que son las nuestras, pero que en sus labios se vuelven irreconocibles, rotas, perturbadoramente extranjeras) son lo único que las hace existir. Esas dos nereidas exiliadas que se secan fuera del mar están hechas de un barro verbal delirante y exquisito. En ese techo de algún edificio de Buenos Aires, que es su prisión y su jardín, no hacen otra cosa que hablar para no extinguirse. Para adaptarse a su nuevo hábitat la única esperanza es anular el silencio áspero de la ciudad con ese diálogo insomne que oscila entre la ternura y la desesperación. Y en el centro —luminosa, insoportable— una claraboya que es una pecera y es un nido y un mundo y una tumba.
El desafío para el espectador es el mismo que propone todo (buen) poema: asistir al desborde de un idioma que es familiar y desconocido al mismo tiempo. Lo que sabemos (lo que idiotamente creemos saber) no nos sirve para atrapar el sentido de las palabras, hay que humillarse y desaprender; atender no al significado sino a las modulaciones, la respiración, los tonos, el ritmo. Dejarse deslumbrar por las palabras como si fueran insectos inexplicables. Entonces precaución: con 50 nereidas “entender” no es la cuestión. Claro que “entender”, cuando de arte se trata, es una palabra un tanto insuficiente. La verdadera obra de arte está siempre un poco más allá de eso que podemos captar con el entendimiento, o por lo menos con esa forma de entendimiento que aplicamos para aprender la regla de tres simple o la diferencia entre sujeto y predicado. No se trata, pues, de “entender” sino de “experimentar”. No interpretar, no decodificar, algo más sencillo: abrirse a la incertidumbre y al extrañamiento, dejarse poseer por ese lenguaje desbocado, resplandeciente, impenetrable. 
Esos cuerpos torpes e incompletos que se mueven en escena —sus vestiduras están hechas de jirones mustios, de retazos incoherentes— no guardan ya nada de su antiguo esplendor. El exilio quiebra. El exilio pudre. El exilio borra. Inmortales todavía, lejos de su mar no son otra cosa que voces que se retuercen mordisqueadas por recuerdos inútiles. Ellas esperan, pero saben que el futuro está hecho con las ruinas de la memoria. Desde su pequeño lugar las nereidas intuyen la presencia opaca de otros seres, distintos pero también atrapados, también secándose: la pecera es reversible, no hay lado de afuera. Nos asfixia el mismo aire, la misma soledad… En la ciudad nada hay para ellas (nada hay para nadie). A lo lejos, una cúpula extraña se pierde entre los edificios: les llegará desde ahí la única voz humana, plena de podredumbre y superchería. Contraste central en la obra: la lengua sucia de los seres humanos —lengua cubierta de nieblas y venenos— se opone a la pureza hermética de la voz de las nereidas.
Vuelvo a Wittgenstein para que me ayude a cerrar: De lo que no se puede hablar, mejor es callar, dijo. Tendríamos, tal vez, que haber empezado por ahí. En realidad cualquier cosa que se diga sobre 50 nereidas no llega siquiera a rozar su verdadera substancia. Para saber de qué se trata hay que experimentarla y purificarse: cuando termina tal vez un pequeñísimo silencio interior te acompañe por ese pasillo que te devuelve a la calle y el ruido y la irrealidad.
Si lo sentís, quiere decir que entendiste.

[Funciones]
Viernes - 21:30 hs  (hasta el 29/11/2013)
Teatro Calibán - México 1428 PB 5
Reservas: 4381-0521 | 4384-8163
Web: http://www.teatrocaliban.blogspot.com

Narrativa: El balbuceo periodístico

por Gustavo Grazioli

Jacket Art Print

by Feline Zegers

Ante cada golpe el sudor recorría su frente; los brazos mostraban gran destreza muscular y sus pechos se movían parejos. Firmes. La gente que presenciaba el espectáculo gritaba sorprendida: "oooohhhhhh". No podían creer lo que estaban viendo; uno que estaba más al fondo charlaba con su amigo y asombrado por la destreza técnica, también no perdía el tiempo en destacar el voluptuoso cuerpo de esta mujer "y encima roquera", le dejaba en claro, con ojos saltones, a su amigo que lo miraba de forma complaciente.
En el medio del show que estaba brindando la banda, uno de los aficionados logró burlar la seguridad y subiéndose al escenario quiso encajarle un beso a la baterista. Cuando la seguridad reaccionó, la mujer los detuvo diciendo que la dejaran a ella. Fue así, entonces, que le pidió al joven que intentó besarla que se acercase. Lentamente y con la cabeza mirando el piso, empezó a caminar hacia la batería. Cuando ya estaba cerca la mujer se levantó del asiento giratorio y con la mano derecha golpeó su cabeza con uno de los palillos, además como si fuera poco para hacerlo pasar más vergüenza, le pidió al publico que lo saquen del lugar o sino el recital se suspendía. Ya se imaginaran ustedes, no...
Con este joven fuera del lugar, la baterista en forma de agradecimiento se quito una de las prendas que llevaba y provocó la algarabía desorbitada del público, que de la avalancha, ante tamaña muestra de afecto, rompió las vallas de contención. Con este clima, la adrenalina de la banda se motivó y los temas restantes aumentaron su fuerza. Al finalizar el show su público habitué se quedó a esperarlos a que salieran para poder saludarlos y ejercer el ritual de todos los shows: fumarse un porro con la mujer de la batería. Esta vez los que se quedaron eran más de lo habitual, entonces comenzaron los murmullos y las preguntas sobre quienes eran estas caras nuevas que se estaban acercando. Los consideraban unos intrusos a su comunidad. Cuando salió la banda, la atención quedó depositada solo en eso. Nuevos y antiguos terminaron abrazados, a los gritos y coreando el nombre sin parar. Por supuesto la parcialidad masculina en su mayoría, intentó saludar a la baterista y vislumbrados por lo traspirada que tenía la remera, pidieron que se la quitase en honor al rock. La mujer un poco aturdida se enojó bastante con esta petición y empezó a escupirlos, pero no hubo caso, fue peor: "¡sos el amor de todo punk. Quiero casarme ya!", le gritó desaforadamente uno de los que formaba parte del grupo que la rodeaba. Mientras los otros integrantes se iban dispersando o se encontraban con sus parejas, la mujer de los palillos tenía que lidiar con estos muchachos que estaban excedidos de drogas, alcohol y demás. Intentó hacerlos a un lado mientras caminaba hasta su auto y un joven que estaba apoyado en la pared de la esquina, cercano a donde esta tenía estacionado el auto, piropeo su actuación con el instrumento. En una muestra de agradecimiento asintió con la cabeza y de forma poco cortés dijo un "gracias". Este joven, mientras ella abría la puerta de su auto, se acercó y muy tímidamente le dijo ser periodista de una revista de rock llamada  "no queda otra". Insistió con algunas palabras más, hasta que se decidió a preguntarle si no le concedía una entrevista para su revista. La mujer ya arriba del auto, habiendo iniciado una marcha lenta, bajo la ventanilla y le tiro una tarjeta. Este muchacho cuando la levantó vio que tenía los datos personales de ella y quedó parado en la esquina viendo como el auto se alejaba pero con una sonrisa y apretando el puño donde estaba la tarjeta.
A la otra semana después de terminar el ensayo con la banda, la  mujer ve en su celular una llamada perdida. Imagino que sería de este joven y decidió devolvérsela.
- Hola ¿quién habla? - preguntó la voz sorprendida del joven.
- Soy la baterista de Turquía, no te acordás que hablaste conmigo - contestó con voz suave.
- Claro, ahora sí. Que placer este llamado. Perdón por mi desatención - dijo algo sonrojado.
- ¿Y entonces vamos a hacer la entrevista?
- Por supuesto ¿Cuando podes?
- Vení mañana a las 11 de la mañana a nuestra sala de ensayo ¿te parece?
- Si claro, mañana estoy ahí.
- ¿Va a ser muy larga la entrevista? porque tengo que hacer algunas cosas del colegio con mis hijos.
- No no, serán diez preguntas nada más.
- Bueno. Hasta mañana.
- Hasta mañana y gracias por la amabili...

La mujer ya había cortado el teléfono. El joven contento, llamó a unos de sus amigos para contarle el hecho y ademas para presumirle a que figura entrevistaría. Esperando que este le dijera cosas tales como "genio" "groso" o algún halago por su logro, tan solo recibió un desinteresado "te felicito". Al ver que no encontraba lo que buscaba cortó la comunicación de forma brusca y llamó a la revista para avisar que había conseguido la nota.
- Hola...¿Margot?
- No, soy Hernan ¿quién es?
- Soy yo, el meadoporlasociedad
- Ah, que haces. No te conocí la voz ¿donde estas?
- Acabo de hablar con la baterista de Turquía ¡Mañana la entrevisto!
- ¡Perfecto! esa va a ser nuestra nota jugosa para el próximo numero. Trata de sacarle hasta lo ultimo y si podes hacerla enojar, mejor.
Hubo algunas risas de ambos.
- Voy a hacer lo que pueda. Es bastante parca la personalidad. Decí que esta buena por lo menos, porque sería un embole de aquellos.
Se despidieron y le pidió que le avisase a Margot que todavía le debe plata del mes pasado.
La mañana siguiente cuando se levantó, preparó un frugal desayuno y leyó algunas noticias en algunos portales de internet. Cuando se estaba cambiando para salir, sonó su teléfono celular - era su ex mujer -
- Hola Celes ¿como estas? - preguntó con amabilidad.
- ¡Escuchame pelotudo! deja de jugar al periodista y tráeme la plata del mes. El mes anterior con eso de que te pagan por cada notita que haces, quede de garpe y tuve que pagar todo.
- Si ya lo sé, pero esta vez tengo un trabajo muy importante y voy a poder llevarte una buena suma. Con esta entrevista que voy a hacer, vamos a vender mucho.
- No sé lo que vas a hacer, ni me interesa. Lo único que te digo es que si este mes no me rendís lo que corresponde, pongo un abogado y no ves más a tus hijos ¡me tenes harta! - y cortó de manera abrupta.
Trató de no darle importancia a lo sucedido. Miró la hora y ya eran las diez, así que terminó de cambiarse rápidamente porque tenía un buen rato de viaje para llegar. Una vez en la calle quiso parar el colectivo pero ninguno se detuvo debido a la sobrecarga de pasajeros. Estuvo así con cuatro colectivos. Volvió a mirar la hora y le quedaba media hora para llegar, así que paró un taxi: "hasta Cabildo y Juramento, por favor y lo más rápido posible", dijo algo agitado. Al haber poco tráfico llego rápido. Buscó la numeración de la calle para guiarse hacia donde tenía que cruzar. Estaba con quince minutos de anticipación según lo pactado. Golpeó la puerta de la sala de ensayo pero nadie salía e insistió con más fuerza y lo atendió un señor mayor, que por el susto le negó la entrada.
- Jovencito con los tiempos que vivimos no puedo dejarte pasar así nomas ¿a quién buscas?
- ¿Esto es un sala de ensayo? - preguntó extrañado de la situación.
- Una sala de que...habla más fuerte porque estoy un poco sordo - levantó la voz.
Intimidado por el momento que estaba viviendo. Con algo de sudor en la frente, volvió a preguntar
- ¿Esto es una sala de ensayo, señor? - preguntó casi gritando precavido por la advertencia.
- Ah si si, es acá. Vos debes ser el periodista ¿no? - contestó con total liviandad.
- Claro, veo que le avisaron que vendría.
- Si si pero bueno joven, usted comprenderá que como esta la calle ya no lo creó ni a mis hijos.
Venga pase por aquí. Espere que enseguidita se los llamó. Están ahí meta ruido. No se entiende nada lo que hacen y para colmo llenan lugares...ay ay ay en mi época era distinto, pibe. Había que ser bueno de verdad.
Cuando la banda se acercó a lo que sería una improvisada sala de espera, se encontró con que no eran las personas que buscaba o mejor dicho la baterista que buscaba, porque en este grupo también había una mujer que tocaba la batería.
- Pero como, ustedes no son Turquía...
- Y vos no sos el periodista reconocido al que esperamos - dijo la banda a coro.
- Señor acá no ensaya Turquía - preguntó desesperado.
- Uuff, hace más de diez años que no ensayan acá ¿quién te dijo esa patraña?
- La baterista. Hablé ayer.
Empezaron las risas de todos los que estaban allí, hasta algunos se revolcaban en el piso y retorcidos por la fuerza de las risas, tuvieron que irse.
- ¿Que pasa? - preguntó el joven, enojado.
- Es que te hizo lo que les hace a todos los periodistas que ve novatos como a vos - le dijo el señor de la sala de ensayo.
- ¿No entiendo?
- No es muy difícil. Te jugaron una linda broma.
- Es que necesito esa entrevista, sino me van a echar de la revista y no voy a ver más a mis hijos.
- Anda consiguiendo un abogado, flaco - dijo el guitarrista de la banda, entre risas.
Ahí mismo se levantó de la cama luego de que su mujer lo sacudiera varias veces y bajo los reproches de que ya era tarde le dijo que se vaya a bañar porque sino llegaría tarde al trabajo.

Y así fue que esa mañana todo se desmoronó cuando cayó en sí y tuvo que salir a tomar un subte, vestido con ropa incomoda y una corbata que apretaba su nuez. Una vez en la oficina su jefe lo recibió diciéndole: "este mes no habrá presentismo", a lo que sin contestarle tan solo hizo un leve movimiento con su hombros. Sentado en su escritorio escribió esto.

[Sobre el autor]

Gustavo Grazioli nació en febrero del  ’87. Realizó media carrera de Comunicación Social en la UBA, y está terminando la carrera de periodismo en ETER. En la actualidad trabaja como periodista, colabora en medios digitales y en la edición en papel de la revista local de Aldo Bonzi. 
En materia narrativa hace poco encuadernó sus cuentos con el fin de publicarlos bajo el título:La pureza del lenguaje se esfumó. Y en lo musical se desempeña como frontman de Manzanitas, una banda de la zona Aldo Bonzi – La Matanza, en la que aprovecha a cantar letras que se iniciaron como poesía.

[Contactos]

Poesía: Carolina Castro

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by Alvaro Tapia Hidalgo


[Estación

las paredes de un castillo caen junto con los lemas escritos en cada pared

"fotocopias de dios"

la mano blanda de tu alma despierta

el alma cuando se hace fosforescente

cuando se sueña el alma parece fosforecente

el alma de tu hija brillando perpleja

el alma de tu hija mientras sueña 

los sueños de la inocencia son oscuros como la ignorancia

en el cielo sólo hay preguntas

lo que es material pero sólo da color no es cierto

ayer entraste a la casa de un muerto

crónica de la visita a un castillo en ruinas

al castillo donde destruyó su vida un padre

al castillo denso que encierra la memoria de su vida

una casa que encontró para abandonar la memoria 

deshollinar la garganta de lo que intentaba olvidar

vigilar es abrir el ojo que arde en el pecho de las dudas

para trabajar en el campo un padre vende una de sus hijas

envenenando la historia de cada esfuerzo en el cuerpo de una madre

la culpa siempre es negra y dura como el carbón

la ignorancia es el carbón quemado que vuelto blanco es pura costra de ceniza 

la vigilancia descoce el sombrero de paja que da sombra

quema la espalda del hombre que trabaja en el campo

la culpa que le seca la garganta distorsiona su visión:

el calor y la ignorancia ven el verde fluorescente de las hojas y se saturan



cada fruto es tomado con indiferencia como hijos concebidos por accidente

cada fruto es áspero como la tierra es áspera en el aire

cada fruto es recogido con llano esfuerzo 

sobre la tierra que es áspera como el carbón

cada fruto es recogido como si fuese un carbón rudo y negro

más pesado a cada hora que pasa hasta la tarde

pero cada ocaso acontece y anima con misericordia 

cada tarde llega como un recuerdo de las noches 

la noche de un padre cansado como promesa de piedad

cada noche llega y cada último tren es un recuerdo embrutecido 

el ruido de un tren nocturno es el recuerdo desmembrado:


un alma que ya no sueña puede detener el desarrollo emocional

un trauma en una etapa es suficiente para apagar el alma de una hija


el tren pasa por tantos lugares como par de ojos y les da ceniza

los ojos y las cenizas no pueden entenderse por igualdad de arrogancia

cada par de ojos interpreta del tren algo diferente

cada par de ojos se despide de algo distinto cuando el tren pasa;

las que no se despiden se aferran a las riendas caprichosas de la memoria 

las que no se despiden se mantienen aferradas a la ceniza

silencio total que nada después hacia cada par de ojos


el viento de la noche va reconciliando y sonriendo


el descanso de la culpa también es duro y es desesperado 

la madre perdona y reconoce una nueva estrella 

en el campo el trabajo es la espina del día 

en la noche las rosas se abren y pueden verse todas las estrellas

asciende una estrella nueva señal de un sueño


una madre reconoce el color fluorescente del alma dulce que imagina


[Sobre la autora]


Carolina Castro nació en Buenos Aires hace 23 años. Estudia Letras y colabora como editora en Nulú Bonsai.

[Contacto]
http://amarlasursulas.blogspot.com

Micro-excursiones: Juanjo Harervack

[Micro-excursiones]es un cuestionario que va en busca de músicos y compositores, con el fin de conocer sus ficciones personales. Es una adaptación, algo transgredida, del cuestionario Proust. Las preguntas son simples e impersonales, pero a la vez pretenden ser un disparador. Es el primer cuestionario en donde las preguntas no importan. El mérito y la inventiva corre por cuenta de los músicos.

[Mini-Bio o Auto-semblanza]
Soy poeta y cantor, nacido Juan José Cabrera Paz  en González Catán un 20 de octubre del año 1975, en el conurbano bonaerense. Mi primera canción la compuse a los 6 años.  Adopté el seudónimo “Juanjo Harervack” a los 16 años cuando  ingresé al ejército por problemas de conducta, adicciones y un hogar muy difícil , allì estuve 21 años, aunque paralelamente , aún estando allí encerrado,  siempre hice música y escribí poesía .  Escribí 3 libritos de poemas que repartía en los recitales de la riki: “Los ojos de un perro” 2006, “Tum-Tum” 2007, y “54 mil muertos en un choque automovilístico” 2009. En 2007 grabé junto a Zelmar Garìn “Palabras con texturas” disco en el que recito poesía ambientada por el loco Zelmar.  Junto a Walter Slongho  también por 2007, grabé un disco de canciones jazzeras (jazz barrial) , el proyecto se llamó “Zentius” volvimos a reunirnos en 2012 y grabamos otro disco más, aunque todavía no sé si algún día se van a editar.  En 2008, juanto A Diego Arbit y Zelmar Garìn editamos un disco de una presentación en vivo, llamado “En vivo en el Mojòn”. Actualmente, hace 2 hermosos años que ya no estoy en el ejército, feliz de ser la voz de Riki Riki Tave y La banda misteriosa  desde hace 9 años, con ellos grabamos 4 discos (Tuky Sessions- 2006; 95 Problemas- 2009; Llorando en Corea- 2010 y Dormido Cayendo- 2013). Este año también escribí y canté para el Vol. 5 de Ácido Canario intitulado “El impostor” y también  en el disco de Gualicho Turbio que pronto verá la luz. Soy el papá de Julieta, Vera, Ian Luca y Almendra. También hincha fanático de Noseso Records.

1. ¿Qué condiciones se tienen que dar para que empieces a componer?
Cuando escribo canciones, generalmente las escribo mientras los muchachos tocan, soy como una antena. Si escribo en casa, tengo que tener una lapicera negra, la mesa limpia, suelo poner canciones hermosas como “El muelle” de Miguel Abuelo  (ejemplo), eso me conecta. Puede estar lloviendo, puede ser de noche o muy temprano… Suelo estar  enojado con mi mundo cuando escribo e intento cambiarlo con poesías y canciones.

2. ¿Cuál es tu héroe o antihéroe de ficción favorito?
Erdosain , pero también Gustavo Roderer  (personaje de la novela de Guillermo Martinez “Acerca de Roderer”)

3. ¿Qué talento desearías tener?
El talento de Miles Davis de caminar el escenario y sonar sin tocar su instrumento, magia.

4. ¿Cuál es tu posesión más atesorada?
La amistad de mis hijos.

5. ¿Cuál es para vos la manifestación más clara de la miseria?
Las guerras anti guerras  y la estupidez religiosa.

6. ¿Cuál es la cualidad que aprecias más en los seres humanos?
La amistad, el amor, la bondad y  la creatividad.

7. ¿Cuál es habitualmente tu estado mental?
A mil por segundo reinventándome.

8. ¿Cuál es tu idea de felicidad?
Una casa con 10 pinos.

9. ¿Cuál es tu mayor miedo?
Que esto se termine.

10. ¿Cuándo y dónde fuiste más feliz?
El 12 de septiembre de 2011, en el colectivo volviendo del cuartel, fue la última vez que me vestí de verde oliva. La libertad es hermosa.

11. ¿Qué canción que hayas escuchado últimamente te hubiera gustado componerla vos?
“Esperando por tocar” del Compañero Asma, “Nos vemos volando” de Shaman Herrera , “ Cabeza” de Santi Moraes Trinidad y “baby Blue” de Gorriones flotantes.

12. ¿Qué canción que hayas incluido en un disco o interpretado en vivo no volverías a tocar? ¿Por qué?
Ninguna, amo todo lo que hice… forman parte de mi construcción, de todo lo que soy actualmente.

13. ¿Cuál es el peor disco de la última década?
Ni idea, escucho discos que me gustan y de músicos que admiro, de mis amigos  y mis amigos son todos buenos.

14. ¿Qué libro te hace sonreír?
Cualquier libro con métodos para encontrar la felicidad.

15. Si sufrimos un ataque de Godzilla y tenés la oportunidad de salvar de sus garras a una banda o músico, ¿a quién salvarías?
Si Godzilla viniera a Isidro Casanova, correrìa por ruta 3… Si el ataque es en capital, nos reuniríamos en Zas y aguantaríamos los trapos.

16. Si después de muerto volvés convertido en zombie ¿a quién morderías primero?
A mi amigo Fidel, es fanático de esas películas, creo que le encantaría salir a beber unas cervezas convertido en zombie conmigo.

17. En tu último disco ¿encontraste la forma justa de expresar lo que querías?
Creo que encontré una forma. Espero encontrar otra en el próximo. Y abrazo grande para todos.

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