menucito
627
como un soplo
como algo que resbala en silencio
contra la fiebre
abrirán sus dedos, estridentes, los delicados muertos de vidrio
- un párpado se cierra
a la luz que trabaja en la madera
un párpado
se
[le oigo decir:
si
lo único que queda de vos
no
es más que
la estéril y fugaz trayectoria de cada estéril y fugaz partícula
producida
en la combustión del poema
le oigo decir:
si
ensamblaste
crudamente la LUZ
en la no-luz
y ahora tiembla
y sólo pensás en la carencia
si
cuando la palabra fatalmente
convoca a la palabra y se produce
el esplendor
la fuga
la fisura
si
todo lo que se puede escribir
son puras putas
mentiras
no nos queda otra, amor, que volver a la hermosura
de las vísceras y la mierda]
Reuniones Ancestrales
- Estos son mis dioses – dijo levantando el dedo índice de su mano derecha.
Lo mire perplejo, a la vez maravillado, no emiti sonido alguno. El silencio de la noche se confundía con la música de su guitarra, que retumbaba en mi pecho y en las 4 paredes de la habitación.
- Estos dioses me dan algo, pero me piden algo.
Me sacan cosas – susurró.
Solamente asentí con la cabeza.
- Por eso hay que tener cuidado, te pueden convertir en un cínico y peor aún en un perverso – explicó
- ¿Cómo? – pregunté intrigado.
- Y…uno tiene que saber hasta donde pedirles a esos dioses, esa cuota de… llamémosle inspiración, por ahora. Porque poco a poco te van comiendo el alma y la oscuridad le va ganando a la luz – dijo, mirándome a los ojos.
Y me calle, nos callamos. Sabía que él tenía razón.
Me hizo jurarle que nunca iba a pedirle algo a cierto dios de él, porque si lo hacia no había vuelta atrás, me iba a volver siniestro y totalmente oscuro, como él lo era a veces. Y continuamos con la noche de tertulia, sabiendo que por unos momentos lo había ayudado a salir del túnel.
Lo mire perplejo, a la vez maravillado, no emiti sonido alguno. El silencio de la noche se confundía con la música de su guitarra, que retumbaba en mi pecho y en las 4 paredes de la habitación.
- Estos dioses me dan algo, pero me piden algo.
Me sacan cosas – susurró.
Solamente asentí con la cabeza.
- Por eso hay que tener cuidado, te pueden convertir en un cínico y peor aún en un perverso – explicó
- ¿Cómo? – pregunté intrigado.
- Y…uno tiene que saber hasta donde pedirles a esos dioses, esa cuota de… llamémosle inspiración, por ahora. Porque poco a poco te van comiendo el alma y la oscuridad le va ganando a la luz – dijo, mirándome a los ojos.
Y me calle, nos callamos. Sabía que él tenía razón.
Me hizo jurarle que nunca iba a pedirle algo a cierto dios de él, porque si lo hacia no había vuelta atrás, me iba a volver siniestro y totalmente oscuro, como él lo era a veces. Y continuamos con la noche de tertulia, sabiendo que por unos momentos lo había ayudado a salir del túnel.
·
Días en los que comprendo
Que hablar no es solo hablar
Que también
Es abandonar el silencio
Empiezo a sentir cómo pesan mis ojeras
Empiezo a sentir cómo pesan mis ojeras
Ojeras en los brazos
En los codos
En la piel
Ojeras por todo el cuerpo
Empiezo a escuchar
Empiezo a escuchar
Los gritos de ese cuerpo
Silenciado por tanto tanto tiempo
Cuerpo Ajeno
Cuerpo Ajeno
Cuerpo Espanto
Cuerpo Náusea
Cuerpo Visible, al fin
Y las pasiones
Y las pasiones
Las ojeras
El silencio
El cuerpo
El grito
La vida que sigue
La vida que sigue
Y el vértigo por seguir
Vibrando con ella
·
GENERIS
Sin motivos y sin razones, de la nada y del vacío aparecen dos personajes sujetándose de una caída. Ellos golpean el suelo con sus cuerpos, se levantan de una oscuridad suprema y se miran.
-ADÁN: ¿Dónde estamos?
-LAURA (con algo de desesperación): No se, algo me empujo desde otro lado y caí en este lugar tan extraño ¿Quién sos?
-ADAN: ¿Tenés Miedo? (Con máxima tranquilidad).
-LAURA: Si, porque no se con quién estoy y dónde me encuentro, quiero salir de acá.
Ella comienza a deambular lentamente por el espacio vació y oscuro, mirando hacia arriba y esperando ver o escuchar un sonido; alguien que le indique la situación. Su expresión de desesperación aún es pasiva. Una luz comienza a iluminar una parte del escenario para dejar a la vista de los dos, y del público, un manzano de estatura mediana, florecido y empapado de unas gotas visibles que parecen humedad. Adán se lo señal, con la mano y con la mirada.
-ADAN: ¿Lo ves? Tenía que haber algo. Siempre hay algo.
Ninguno de los dos se mira aún. Adán contempla el manzano desde una distancia no tan larga, y Laura sigue buscando una referencia, dando vueltas por el escenario con la cabeza hacia arriba.
- LAURA: ¿Dónde estaremos?
-ADAN: Es un pequeño manzano. Las gotas de rocío son como la tristeza; caen sobre las hojas de un árbol como este, y recorren sus brazos, su cuerpo. Así, hasta llegar a la raíz y ser absorbidas para la fotosíntesis de un nuevo lugar y de una nueva forma.
-LAURA: No entiendo.
-ADAN: ¡Que el agua cae! Llega a la raíz, y al florecer en la fotosíntesis se convierte en aire; uno de los cuatro elementos. La tristeza no reconoce espacios, pero adapta las sensaciones y las emociones sin conocerlas. (Lo dice como si fuera un poeta).
-LAURA: Que raro. (La expresión de su rostro ahora parece más relajada, tranquila).
Los dos se acercan al manzano, lo tocan por la diestra y por la siniestra, se miran ambos con posición pudorosa.
-LAURA: Tiene un solo fruto.
-ADAN: Es cierto, acá debe ser más que primavera.
-LAURA: No estoy segura de que los manzanos den frutos más en primavera que en cualquier estación. (Mira el fruto, lo acaricia, lo desprende suavemente de la rama y lo observa con una mirada penetrante y persuasiva).
-ADAN: No deberías tocarlo sin saber a quién pertenece.
-LAURA: ¿Lo comemos?
Y así, ambos muerden y despedazan el fruto del olvido, de la desesperación y de la tristeza; envolviéndose en la máxima oscuridad de la escena.
Y de algún lugar se oye la vos de Adán que dice:
-ADAN: Eva, es el único nombre para todas. Ella es una y todas a la vez. Maravillosa creación que me hunde en el olvido de todas las tristezas.
-ADÁN: ¿Dónde estamos?
-LAURA (con algo de desesperación): No se, algo me empujo desde otro lado y caí en este lugar tan extraño ¿Quién sos?
-ADAN: ¿Tenés Miedo? (Con máxima tranquilidad).
-LAURA: Si, porque no se con quién estoy y dónde me encuentro, quiero salir de acá.
Ella comienza a deambular lentamente por el espacio vació y oscuro, mirando hacia arriba y esperando ver o escuchar un sonido; alguien que le indique la situación. Su expresión de desesperación aún es pasiva. Una luz comienza a iluminar una parte del escenario para dejar a la vista de los dos, y del público, un manzano de estatura mediana, florecido y empapado de unas gotas visibles que parecen humedad. Adán se lo señal, con la mano y con la mirada.
-ADAN: ¿Lo ves? Tenía que haber algo. Siempre hay algo.
Ninguno de los dos se mira aún. Adán contempla el manzano desde una distancia no tan larga, y Laura sigue buscando una referencia, dando vueltas por el escenario con la cabeza hacia arriba.
- LAURA: ¿Dónde estaremos?
-ADAN: Es un pequeño manzano. Las gotas de rocío son como la tristeza; caen sobre las hojas de un árbol como este, y recorren sus brazos, su cuerpo. Así, hasta llegar a la raíz y ser absorbidas para la fotosíntesis de un nuevo lugar y de una nueva forma.
-LAURA: No entiendo.
-ADAN: ¡Que el agua cae! Llega a la raíz, y al florecer en la fotosíntesis se convierte en aire; uno de los cuatro elementos. La tristeza no reconoce espacios, pero adapta las sensaciones y las emociones sin conocerlas. (Lo dice como si fuera un poeta).
-LAURA: Que raro. (La expresión de su rostro ahora parece más relajada, tranquila).
Los dos se acercan al manzano, lo tocan por la diestra y por la siniestra, se miran ambos con posición pudorosa.
-LAURA: Tiene un solo fruto.
-ADAN: Es cierto, acá debe ser más que primavera.
-LAURA: No estoy segura de que los manzanos den frutos más en primavera que en cualquier estación. (Mira el fruto, lo acaricia, lo desprende suavemente de la rama y lo observa con una mirada penetrante y persuasiva).
-ADAN: No deberías tocarlo sin saber a quién pertenece.
-LAURA: ¿Lo comemos?
Y así, ambos muerden y despedazan el fruto del olvido, de la desesperación y de la tristeza; envolviéndose en la máxima oscuridad de la escena.
Y de algún lugar se oye la vos de Adán que dice:
-ADAN: Eva, es el único nombre para todas. Ella es una y todas a la vez. Maravillosa creación que me hunde en el olvido de todas las tristezas.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)
